Savatage – Gutter Ballet

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Savatage. Aquellos de los que pocos han oído hablar, pero cuya música siempre estará ahí para atestiguar lo grandes que fueron. Unos tipos que empezaron con los cojones más pesados que el acero a descargar piezas de puro heavy metal, y que pronto demostraron que no eran solo eso. Se engancharon al carro del heavy-hard rock con un par de discos que no destacaron mucho, pero es que es a partir de ahí cuando la cosa se puso caliente. Porque antes del que tenemos aquí vino el disco que demostró que eran capaces de parir cosas que otros con mucho más éxito no les llegarían ni a las espinillas. Estoy hablando del heavy metal con algún tinte sinfónico que nos trajeron en “Hall of the Mountain King”, disco con un sonido no tan sucio como el de sus dos primigenios pelotazos, sino más en progresión a lo que nos ofrecerían en este “Gutter Ballet” de 1989. Que sí, que igual no pegó mucho como otros coetáneos, pero que nadie me venga jodiendo con que esto no es una maravilla.

Con un sonido mucho más refinado que lo que nos soltaban en anteriores entregas, los chicos consiguen una atmósfera sinfónica y más progresiva y compleja, potenciada por el maravilloso piano de Jon Oliva y por los portentosos solos de su hermanito Criss, que por desgracia vería finada su vida poco después en un trágico accidente de coche.

Pero vamos a lo que interesa, lo que se nos viene encima con el primer tema:

“Of Rage and War”, de temática antibélica evidente, y que nos empieza a meter en calor con una enigmática intro donde se van metiendo mano bajo y eléctrica, hasta poco después arrasar con su potente riff y la voz áspera y agria de Jon, por cierto uno de mis cantantes predilectos, que ataca los versos como si le fuera su vida en ello. Better listen to me, you son of a bitch, Better disarm those missiles, sleeping in the ditch, You have no goddam right to do the things you do, The world would be a better place if we were rid of you”. Pa no mear ni gota oiga.

Seguimos con una de las mejores canciones escritas por estos capos, “Gutter Ballet”, en la que el piano de Jon nos hipnotiza, sabiendo que el hombre ha nacido para esto de la música y no para otra cosa. Una estructura progresiva de alucine que poco a poco nos va llevando como por inercia al magnífico y elegante estribillo, dejándonos los ánimos como a un niño con carta blanca en una tienda de videojuegos.

“Temptation Revelation” es una bonita instrumental en la que piano y guitarra se unen para descargar una bella antesala a la balada que nos viene a continuación, que no es otra sino una de las mejores que han compuesto nunca, cuya letra nos relata el infausto lamento de un músico en el ocaso de su carrera. De nuevo el piano nos pone los pelos como un erizo mientras un crescendo nos va metiendo poco a poco en el corazón de la canción, hasta llegar al clímax en que la voz de Jon se desata y poco más se puede hacer por controlarla, yo incluso creo que el hombre se dejaría algún trozo de sus pulmones en el escenario, en esos versos que no hacen sino dejarte con el culo prieto hasta que pasa el vendaval “I never wanted to know, Never wanted to see, I wasted my time, Till time wasted me” Acojonante, y punto.

Si lo que habéis oído hasta ahora no os convence, no sé yo qué lo hará. Tenemos ahora “Silk and Steel”, nueva instrumental, aunque esta vez acústica y aún más bella que la anterior. Simplemente mágica. Le sigue la hard roquera “She’s in Love”, con un riff bien juguetón y la guitarra y la voz que como de costumbre arrasan, sobre todo en el estribillo, el más simple hasta ahora, pero efectivo… It takes good.

La oscura “Hounds” nos da uno de los puntos más progresivo del disco, con mención especial para la parte intermedia, que no es moco de pato, más bien de rinoceronte. Un riff avasallador y un solo de vértigo, que nos conducen a un final desgarrador y maniático, con toda la banda desatada. Y siguiendo la racha, “The Unholy”, comienza, cómo no, con un épico riff, y sigue arrastrándonos en un clímax continuo, con un solo que nos hace preguntarnos lo que habría sido capaz de hacer Criss si no hubiera acabado tan joven su andadura.

Empieza “Mentally Yours” de nuevo con un piano perfecto, que aun siendo la menos memorables del disco en mi opinión (cuando llegaron al estribillo parece que ya estaban cansados de componer), sería de necios ignorar que lo que se cuece aquí es un tema potable. Echémosle las culpas a los temazos anteriores por dejar a este en la sombra.

Qué decir de “Summer’s Rain”, pues que si escucháramos solo esta canción, diríamos que es una balada insuperable, y que cualquier otra, del grupo o incluso del estilo, no podría igualarle en clase y emotividad… Y sin embargo ahí tenemos a “When the Crowds are Gone” haciéndole una intensa competencia. Yo intente dilucidar sin éxito cual prefería, pero fue una ardua tarea. Vosotros mismos.

Y tras semejante pepinazo nos llega, como bonus track, la última “Thorazine Shuffle”, con la historia de un enfermo bajo el influjo de la droga Thorazine. Un riff complejo se encarga de darle el toque tétrico, que transmuta en otro riff igualmente oscuro cuando llega la voz de Jon. Era su deber acabar un trabajo majestuoso con algo a la altura. Chapó.

Y eso es todo. Merecieron llegar a lo más alto del jodido Empire State, pero en su espinoso ascenso por las escaleras, se quedaron a mitad del camino. Calidad por todos los costados, y lo que vino después de este disco no es menos. El cambio de vocalista hizo que el tito Jon pudiera centrarse en otros proyectos, además de crear composiciones más complejas para Savatage, lo que se vio traducido en una música más oscura y progresiva, pero no con menos garra, hasta su disco epitafio en el que la falta de ideas y de público les obligó a dispersarse.

Ironías de la vida, la banda consiguió atraer la atención de la escena no con Savatage, sino con una formada tiempo después, la Trans-Siberian Orquestra, con orquesta incluida como su nombre indica, y de la que el mismo Jon se mosqueó ante la popularidad que alcanzaron con la regrabación de una canción que originalmente era de Savatage, por lo que atribuyo la mala suerte de su banda mater al nombre. Pero lo que importa es que por fin han conseguido cierto éxito, aunque sea con sus proyectos paralelos… eso sí, yo sigo esperando una reunión del grupo.

Grandes Savatage, ¡Still the Orquestra Plays!

 

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