Canción de la Semana: Alone

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Recientemente dos de mis compañeros redactores en Spreading the Sound han hecho referencia a dos ideas bastante relevantes respecto a mi forma de entender la música, habiéndome servido de inspiración para el articulo de hoy. El primero fue Sergio, comenzando su artículo sobre Orphaned Land de una forma más que acertada. ¿Qué es lo que buscamos escuchando música? Sentir, que las canciones nos transmitan, en las sensaciones que nos provocan reside el poder de la música. Unos pueden encontrarlas en la dulce melodía de una voz acompañada por los arpegios de una guitarra acústica, mientras que otros prefieren la rabia de unos riffs rapidos y unos despiadados growls. Algunos nos encontramos cómodos en ambas. A lo que quiero llegar es que la magia de la música se encuentra en su capacidad de conectar con nuestras emociones más internas, y es ahí donde reside su grandeza.

El segundo punto va íntimamente ligado a este concepto. Hace una semana Jéssica aprovechaba esta misma sección para hablarnos de la cancion “The One You’re Looking Is Not Here”, de los suecos Katatonia. En él relacionaba de una forma destacable la melancólica atmósfera del corte con su personal forma de disfrutar de la música. Y la verdad es que resulta bastante cercana a la mía propia. La música sin duda cumple un papel muy importante uniendo a la gente. En fiestas, conciertos, raves, o como factor para juntar personas por sus propios gustos y géneros. Socialmente cumple un factor importantísimo, pero eso no quita la otra cara de la moneda. También puede resultar de una banda sonora perfecta para la introspección, para conocerse mejor a uno mismo.

En esta ocasión más que desarrollar el artículo en torno a la canción, esta me va a servir de apoyo para realizar estas reflexiones. Fue el año pasado en pleno proceso de exámenes cuando descubrí a Singularity, un joven productor de electrónica que por entonces acababa de sacar el que era su segundo EP, “Horizon”. La canción que finaliza el corta duración, “Alone”, estuvo sonando en repetición durante las largas noches de estudio, hasta el punto de que ha llegado a ser uno de mis temas favoritos del género (aunque me encuentro en ese punto que debo dejarla descansar de tantas escuchas que le he dado). Destacar que la imagen que encabeza el artículo y acompaña el vídeo es del artista gráfico Noah Bradley. Si os gusta os recomiendo suscribiros a su página de Facebook, encontrareis numerosas obras de estilo similar.

Esa misma dualidad de dimensiones que decía previamente que podemos encontrar en la música (la social y la introspectiva) se pueden extrapolar perfectamente a la vida. El ser humano es un animal social, necesitamos vivir en comunidad, dependemos los unos de los otros. Hay corrientes de pensamiento que pueden poner esto en duda, pero personalmente creo que es una realidad innegable. Con esto dicho, creo sin embargo que también necesitamos nuestros momentos de soledad. Rousseau decía que en una sociedad deshumanizada por unos progresos tecnológicos demasiado rápidos para nuestra asimilación, la introspección es el camino para conocernos a nosotros mismos y recordar que es lo que nos hace humanos. Y no podría estar más de acuerdo.

Es por ello que he elegido esta canción para el artículo. No solo tiene un nombre perfecto, y el pseudónimo del artista lo complementa a la perfección. La atmósfera etérea que crea la parte instrumental junto a esa voz distorsionada con vocoder crean el ambiente perfecto. Soy una persona que, disfrutando totalmente de la compañía de sus semejantes, ha aprendido a valorar de igual forma los que paso en soledad. Para estos momentos además la música es muchas veces un complemento más que adecuado, ayudando canciones como está a llevarlos a un nuevo nivel. Estar solo muchas veces no resulta en aislamiento, sino que puede ayudarte a abrir tu mente y darte cuenta de lo pequeño que eres y la inmensidad de lo que te rodea.

Por lo tanto no puedo sino reivindicar las ideas de Rousseau. El aislamiento no entra dentro de nuestra naturaleza, necesitamos vivir como colectivo. Pero para ello los momentos de soledad son fundamentales. Para poder ser participe de la vida en comunidad de una forma adecuada, es importante que primero seas capaz de aceptarte en tu propia singularidad.

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