Bajo Cuerda – Vivificabit

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Hace ya bastante tiempo que no escuchaba nada de heavy rock patrio, e iba siendo hora de remediarlo. Tras iniciarme hace unos cuantos añitos en el heavy clásico nacional, comencé a ocuparme de estilos más variopintos, pues las nuevas camadas no llegaron a interesarme mucho. Es ya hace unos pocos meses cuando lo poco que escuchaba de aquí era rock metal sinfónico, que ya me tenía bastante saturado, de modo que vamos a indagar lo que se cuece por los terrenos más heavys.

Así, la banda toledana de la que hoy hablo, Bajo Cuerda, se me antoja una agrupación cuyas pretensiones no abarcan mas que el disfrutar haciendo lo que más les gusta y advertirnos de que están ahí para quedarse, y si no hay hueco, para hacerlo a golpe de guitarra.

Consolidada a lo largo de la década anterior con Oscar a la batería (quien sería sustituido tras grabar una demo por el actual Dani), Carlos y Pichu en las guitarras, Marea al bajo e Ito Sáez al micro, sacaron su primer álbum, Vivificabit, en el 2012, en el que ya plantean el camino que van a seguir. Las influencias de la banda son muchas, y a cual mejor, además de que saben arreglarse para dar variedad al disco y no caer en la monotonía. Pero para qué hablar cuando lo podemos ver mejor sobre el terreno.

Los dos primeros tracks se encargan de enseñarnos una de sus manos en juego, pero no será las única. La primera Sentirme vivo arranca con Ito desgarrándose el pecho con un grito de aúpa junto a un ritmo y un riff bien potente y que ya nos trae con los primeros versos su esencia rockera y su pasión por quemar asfalto. Eau de Baron Rojo, me despertó un regusto a Roquero Indomable, eso sí, más dura y acelerada. Nota: el estribillo es tremendo, te hará sentirte… en efecto, vivo.

Te haces llamar honrado empieza con la guitarra dibujándonos un panorama bien entretenido y complementado por el vocalista, que esta vez utiliza un tono más macarra rollo Fortu de Obús o José Campuzano de Barón Rojo, y nos deja ante una parte instrumental de duelos donde juegan todos los instrumentos. El final es puro colorido, marcando una melodía que se me hace algo funk. Sí, sí, funk, y acabando con una nueva melodía más clásica. ¿Puede una canción de hard rock ser más variada?

Cambian las tornas, pues Neveras vacías lleva a sus espaldas una melodía oscura y grandilocuente en la que se produce un cambio de estilo hacia el heavy metal clásico. Se nota la buena coordinación entre los miembros de la banda. Llega la letra, amarga crítica social directa al grano y sin concesión, aunque era esperable, tanto por el título como por el ritmo de la canción… pero oye, ya cansado de tantas metáforas en las letras de muchos grupos que al final no llevan a ningún sitio y no significan nada, se agradece cuando se dice algo clarito y en la frente, lo cual no implica que no esté currada “Sales a la calle nada por hacer, miradas perdidas nada que perder”, ejemplo de cómo hacer una letra cautivadora.

Viuda negra sigue con la sensación oscura, esta vez aun más amplificada y aplastante por la guitarra rítmica, aunque se contrarresta bien con la otra, algo más aguda y optimista. Lástima que esta se me haga un poco plana y el estribillo no me despierte ninguna llama, pero el solo es pura crema pastelera junto a esos “hielo, infierno, llama, miedo” un tanto inoportunos pero efectivos.

La ley de amar se convierte en una de las mejores baladas que he escuchado en castellano, sinceramente. Ito demuestra su versatilidad en terrenos más lentos, claramente inspirado en la balada de Ozzy “Dreamer”, de hecho el tono cuando empieza a cantar es casi idéntico. La voz doblada en el estribillo y la guitarra acompañándola es una delicia, y los instrumentos acompañan de maravilla haciendo su trabajo con creces. Mi canción preferida del álbum junto a Sentirme Vivo, y mira que es difícil que la que más me guste sea la balada. Tremebundo.

La vena hard rockera nos la devuelve Dónde está el final con un ritmo que hila muy bien con la voz, y aquí nos llevamos una buena sorpresa, pues colabora la cantante Raquel Sánchez, de la banda Divino Disturbo, cuya voz lírica se complementa muy bien con el tono más visceral que entona Ito en esta ocasión. Vituperando esta vez contra el pasotismo generalizado hacia las guerras.

Volver a nacer empieza en modo balada acústica muy sentida, hasta que unos riffs serrantes y entrecortados nos meten la caña por un tubo muy afilado. De nuevo sentimos el ambiente opresivo que desemboca, cosa de magia, en un estribillo estelar que nos endosa una buena dosis de optimismo y esperanza. Contrastes, ¿verdad? ¡Contrastes! El solo de altura ya casi al final es mi preferido del disco, muy optimista y de nuevo haciendo la competencia a la primera y oscura parte de la canción.

El cierre, Destino, más clasicota, me hizo recordar por su letra a Flight of Icarus, de Maiden, parco destino el que parecen seguir los protas de ambas canciones. Tremendo el estribillo “Y volar sin rumbo fue su azar… Y llorar de rabia ahogando al mar” Una lástima que acabe de forma tan abrupta, porque deja con ganas de más.

Gran disco el que se marcaron Bajo Cuerda hace un par de años. Aquellos que como yo disfrutan del hard rock y heavy metal con tintes a los ochentas, sean de donde sean, no podrán resistirse a Bajo Cuerda. Haber lo que nos traen dentro de poquito, que ya están horneando su segunda barra, y si es tan crujiente como la primera, yo me la pido.

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