Amorphis – Under The Red Cloud

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Se podría decir que Amorphis es como una abuela. Siempre te prepara lo que más te gusta para comer. Amorphis sabe que lo que a sus fans les gusta comer, y se lo prepara. Así de claro. Unas veces se pasan un poco con la sal, otras está tan rico que quisieras no tener que cepillarte los dientes, pero nunca te dejan con hambre. Y ahora, si me lo permiten, dejare de decir gilipolleces y empezaré la reseña.

Nuestros queridos deathers finlandeses, formados por Jan Rechberger a las batacas, Esa Holopainen a la guitarra solista y Tomi Koivusaari a la rítmica, Santeri Kallio a las teclas, Niclas Etelävuori al bajo y Tomi Joutsen, en plantilla desde el 2005, al micro, nos traen un nuevo álbum titulado “Under the Red Cloud”, con sabor a sus últimos álbumes pero con tintes nuevos con melodías más cercanas al oriente próximo en varias de sus canciones. Pese a este toque nuevo y alguna que otra sorpresa, los chicos no se han esforzado mucho y se han dejado llevar por los esquemas habituales… pero eso en ellos supongo que no es un problema.

Comienza el viaje con la homónima “Under the Red Cloud”, con ciertos toques orientales al piano. Lo mejor en esta primera canción es la forma de cantar de Joutsen, porque se nota, seguramente por mucho que uno no entienda un pito y medio de inglés, que se nos está narrando una historia… una historia épica, para más señas. Un trallazo directo y pegadizo, pero que palidece un pelín junto a la siguiente, “The Four Wise Ones”, tan oscura e insinuante como una súcubo (bueno, o un íncubo para las mujeres) que se te aparece en tus más profundos sueños y te mece con su voz gutural montañosa y enterrada en siglos de olvido. Si incluso hay por ahí una voz acuosa de mujer, una tal Aleah Stanbridge, acompañada de una flauta seguida por un solazo de aupa que le dan al tema el carisma necesario para ser destacada como mejor canción del álbum. Este tipo de variedad es lo que suele faltar en gran medida en los últimos lanzamientos de Amorphis.

El inicio de teclados con una gran base rítmica jugueteando alrededor en “Bad Blood”, sumado a los riffazos y la forma tremenda de atacar los versos de Joutsen hacen que la cosa pinche un poco por el estribillo limpio, que no hay por donde cogerlo y es un corta y pega de decenas de canciones de Amorphis y por la repetición de la melodía principal que al final se vuelve cansina. Esto viene a arreglarlo “The Skull”, que de nuevo nos presta la variedad que nos faltaba e incluso un enrevesamiento encantador en las melodías y la sinuosa estructura. Muy bien hecho, otra candidata a mejor del disco, que siga el resto esta tónica y dejaré de quejarme.

El tono árabe vuelve a entrar en “Death of a King” como tu madre en tu cuarto, sin avisar, de sopetón, y el resultado es muy agradable, muy light aunque indudablemente atrayente, mezclado con alguna melodía más tipicamente “amorphica” en el estribillo… baza ganadora, ¿no? Sigue la tónica suave y sugestiva en “Sacrifice” aunque no llama mucho la atención ni ofrece mucho comparándola con la anterior, ni tampoco la siguiente “Dark Path”, que como otras, nos ofrece ese sonido y atmósferas marca de la casa (no hay más que escuchar la introducción a piano), pero que es tan bueno siempre que no se le puede dar de lado. No es de las mejores canciones ni de lejos, pero es que en manos de Amorphis todo se engrandece. Bellísima la parte de sintetizador a mitad de canción, todo hay que decirlo.

No es hasta llegar a “Enemy at the Gates” que el olor a grandeza nos vuelve a asaltar con la fuerza de un simio fumador ávido de una calada. Perdón, no sé en qué coño estoy pensando. La instrumentación y la atmósfera arábiga conjugan de maravilla con nuestros chicos, sobre todo con la voz de Joutsen, aunque más que crear un sonido original parece que estén copiando a Orphaned Land. Aún así, lo que es bueno, lo es sin más. Qué profundo.

Llegamos al final con “Tree of Ages”, muy folkie y un poco simple pero maja y efectiva,  y “White Night”, que por desgracia no es lo que se dice un gran final, se hace bastante aburrida, siendo una de las peores del álbum, contando además con la colaboración de Aleah Stanbridge, cuya participación resalta aquí más que en otras canciones donde casi ni se le oye, aunque tampoco es que su voz sea para echar cohetes. Mejores cierres habrían sido los bonus track, “Come the Spring”, potente, pegadiza y sobretodo muy evocadora, y “Winter’s Sleep”, más melancólica y emotiva y con el mejor solo del álbum, ambas repitiendo esquemas pero con más buen gusto que un gourmet.

Así son las cosas, y así se las he contado. Si quieres tu dosis de experimentación, vete a que te dé de comer el Ferrán Adrià. Yo mientras tanto me quedaré degustando a mis Amorphis y esperando su próximo plato, que el resultado está garantizado de antemano. Especialidad de la casa, oye. En fin, ya sabéis con que frase voy a acabar la reseña, ¿verdad? Pues sí, bon appetit.

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