Saurom – Sueños

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Caminaba por el bosque una noche despejada, lejos del mundanal barullo de la ciudad. De pronto, un árbol lanzó sus ramas hacia mí y me atrapó en un abrazo de hierro. Las raíces envolvieron mis piernas y me aferraron al suelo con la fuerza de… bueno, con la fuerza de un árbol. Un par de hadas horrorosas y un troll extrañamente atractivo se acercaron a mí y murmuraron –Saurom ya está aquí. –¡Coño!, perdón, ¡albricias!, si ya ha salido el nuevo álbum de Saurom –me dije. El árbol bajó la guardia y pude deshacerme de mis ataduras, asesté una inocua patada en la pétrea entrepierna del troll, practiqué un preciso y precioso nudo de marinero en las alas de las hadas y me fui trotando directo a escuchar a Saurom.

Pues bien, ya está hecho, y ahora me toca rajar sobre él. Para aquel a quien pueda interesar, Saurom ha sido una banda de power-folk desde sus principios, siempre manteniendo en sus bases el toque ameno proporcionado por gaitas, flautas y similares, contrastando con un metal poderoso. Un mundo de literatura y fantasía con un pie en el mundo real. Moviéndonos más hasta estos últimos años, la banda fue evolucionando hacia un sonido más oscuro con “Once Romances Desde al-Andalus”, y a tope ya en “Maryam”, pegando luego un giro de bastantes grados con “Vida”, un himno a la alegría y completamente alejado del anterior álbum. Y ya hemos llegado al 2015, con el nuevo doble álbum, “Sueños“.

La dirección que toma es la misma que la del anterior, no hay complicaciones. El típico argumento ad antiquitatem, si la cosa funcionó en el anterior y funcionaba en sus primeros álbumes, funcionará ahora. Se nota aquí que estoy un poco molesto con el último cambio de rumbo, pues yo he disfrutado mucho más de los álbumes más oscuros y metaleros de Saurom, pero este último también vale su peso en oro, en su mayor parte. Bueno, dejémoslo en plata.

“Sueños” se divide en dos álbumes, el primero, “Las Caricias del Alma”, contiene lo mejor del álbum, el segundo, “La Partitura Secreta”, es más bien un alargamiento innecesario, con varios temas infumables, lo cual es difícil encontrar en anteriores trabajos. El montante final es de… a ver, cinco más seis, me llevo una… 27 canciones. Pero no, ni se han puesto el traje de Pink Floyd ni esto es “The Wall”. Vamos con el primer disco.

Comenzamos con “Camino a las Estrellas”, una preciosa introducción con una voz infantil similar a la de “Finisterra” de Mago de Oz, que da paso al primer gran temazo, “Paz”, donde el cantante Miguel Franco nos ofrece su voz más clara y suave, acompañando la temática de la canción. Ponle una gaita a John Lennon y te saca algo por el estilo, un himno idealista y suave con muchas reminiscencias el anterior “Vida”.

Más festiva se presenta “El Carnaval del Diablo”, ofreciéndonos las alegres melodías que los hicieron famosos, con un ambiente digamos… libertino, esa es la palabra. En la misma tónica llega “Músico de Calle”, con ese aroma de “que no pare la fiesta” que nos acerca a su pasado al recordar mucho a “Saltimbanqui”, de su primer LP, sobre todo en la letra. Eso sí, el increíble estribillo y el interludio instrumental con aire callejero le aportan la distinción que le faltaba al tema para llegar a destacar.

Tras un manojo de grandes canciones toca dar la puntilla, llamada “La Isla de los Hombres Solos”, basada en la novela homónima del autor costarricense José Sanchez. La voz de Miguel se desgarra magistralmente para acompañar el tono oscuro guitarrero y la batería de Antonio Ruiz resalta en el estribillo, convirtiéndose este en un punto álgido donde la magia brota como un manantial desbordante. Narci Lara y Raúl Rueda también lo dan todo con unos guitarrazos brutales y el maravilloso solo. Este es sin duda “El Tema”, sin más.

Tras el anecdótico interludio “Las Caricias del Alma”, viene uno de los temas más potentes, “Elixir”, lleno de riffs simples pero de aupa y un solo puramente heavy cortesía de Raúl combinado de maravilla en su parte final con la voz de Miguel. La cosa sigue con “Dalia”, la primera balada de muchas que vendrán, y la mejor de ellas, tierna a la vez que potente, algún que otro bachecillo como “Vive”, tremendamente empalagosa, y la última gran canción de la primera parte, “Soñando Contigo”, donde una melodía celta marca de la casa nos introduce a una historia metafórica preciosa con una niña como protagonista.

“La Partitura Secreta” segundo álbum, guarda más o menos lo mismo que el primero, pero peor. Así, tenemos muchas baladas y muchos temas alegres rozando el pop, y algún que otro despropósito. Vamos con estos últimos. Como mayor exponente tenemos la nefanda “Por Fin es Viernes”. Creedme que no se en que estaban pensando cuando compusieron esto, pero he sentido un poco de vergüenza ajena. No digo más. Otra es “Latinoamerica Juglar”, que digo yo, ya sé que tienen muchos fans al otro lado del charco, pero si quieren dedicar una canción a sus fans, que se la dediquen a todos, ¿no? Bueno, la instrumentación no está mal, pero la letra, como se puede suponer de una canción con semejante propósito, es ridícula. Sin llegar a los niveles de la del viernes, pero casi.

Entre otros temas no malos, sino innecesarios y repetitivos encontramos “Pintor de Suspiros”, lentísima y aburrida, y que llegando después de la balada adormecedora “Bella Luna”, resalta aún más su pesadez. También se nota una falta de ideas tremenda al repetir la melodía de gaita que va después de la voz, calcada de una canción del mismo álbum, en concreto de “Soñando Contigo” La letra también se las gasta, tenemos perlas como “Yo estaré pintándote el sol, en un cielo de acuarelas entre nubes de ilusión”. Señores, por favor, que la diabetes no es cosa de risa.

El caso es que esta parte tiene buenas canciones y además comienza de maravilla con “El Círculo Juglar”, con una letra casi calcada de algún tema de sus primeros álbumes, algo así como “El Baile del Juglar” (si es que ya no gastan ni en títulos) pero con un buen olorcillo a dichos trabajos y melodías, por repetirnos un poco, bien juglares. O “Naufrago”, más poética y comedida, con un todo más místico y melodías muy cuidadas y una voz casi mágica de Miguel.

Así pues encontramos a lo largo de esta segunda parte grandes canciones. A parte de las dos anteriores ya para el final tenemos “La Mujer Dormida” con ese sonido oscuro y bello que practicaban en “Maryam” y de ritmo rápido y que casi deja sin aliento, combinado con un interludio cantado por una mujer y un buen solo, que marca un cambio de estructura sorprendente y un final a la altura de los grandes bardos.

Como curiosidad acaban el álbum con una versión a piano de “La Musa y el Espíritu” del “Juglarmetal”, versión que le quita todo lo que tenía a la canción original y que poco aporta a parte de sosería a raudales. Lo único que hace es añadir un tema más a la gran cantidad de temas suaves y baladas.

Y eso es todo, el polvo de hadas nos ha hecho estornudar más de lo debido, pero el sabor en general, sobre todo si hacemos oídos sordos a las canciones que sobran por completo de la segunda parte, es bastante bueno. No tanto como para tildarlo de mejor álbum de Saurom como ya he visto en muchos comentarios sobre él, pero realmente no defrauda. Nunca lo han hecho, fuesen más duros o más suaves, más power metal o más folk rock. Gracias Saurom, por hacernos volver a soñar con la magia que envuelve todo lo que nos rodea.

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