Steven Wilson, sublimación progresiva

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Como cabeza de cartel junto a Opeth -y también me atrevería a decir, como la gran motivación de muchos de los asistentes al festival- tendremos, el 2 de julio, a Steven Wilson en el Be Prog! My Friend. Pero como todo, y por como muchos que nos encontrábamos hace tiempo en este mundillo en el que el Sr. Wilson nos sonaba de oídas, o por aquéllos que quieren ir preparados a su concierto en Poble Espanyol, nos hemos volcado en hacer un breve análisis por la trayectoria del rey del prog actual.

Desde la creación del personaje con los proyectos No-Man o Porcupine Tree, pasando por Storm Corrosion o Blackfield, las colaboraciones con iconos del progresivo clásico o las remasterizaciones de álbumes como los de Yes, King Crimson o Jethro Tull; Steven Wilson ha escalado hasta llegar a lo más alto de este género musical en la actualidad. Si bien a muchísimos fans les pesa su puesta en stand-by del grupo Porcupine Tree, somos también muchos los que opinan que su carrera posterior tiene una calidad superior, siguiendo casi siempre esa línea progresiva, oscura y alternativa, aunque con matices muy diferentes, que forjó durante la estancia en su grupo principal.

Para hablar de Steven Wilson con cierta propiedad habría que ponerse casi a estudiar al personaje desde una perspectiva histórica-temporal, como uno de esos grandes personajes que se retratan en múltiples biografías. A pesar de saltarnos prácticamente la mitad de su discografía y hablar de las incursiones a partir del siglo XXI consideramos que tiene más importancia de cara a lo que el espectador se puede encontrar en el directo.

Tras más de 10 años, y a partir del disco “In Absentia” y de los siguientes “Deadwing“, “Fear of a Blank Planet” y el culmen “The Incident“, Wilson logra traspasar todas las fronteras y crearse un hueco entre la comunidad progresiva del momento con Porcupine Tree. Canciones como “Lazarus,” “Arriving Somewhere but Not Here“, “Blackest Eyes“, “Trains“, “Anesthesize” o “Time Flies“, lograron asentar las bases de un rock progresivo con unos tintes muy alternativos y heavys, de una manera muy equilibrada, que han caracterizado al estilo de Wilson y que, sin duda, han calado hondo en todas las bandas posteriores que han seguido con el género. No sería de extrañar que en el setlist del 2 de julio rescatara temas de esta formación, como los anteriormente citados “Lazarus” y “Trains” o la enorme “The Sound of Muzak“.

Ya su primer disco en solitario, “Insurgentes” (que publicó en 2008 estando Porcupine todavía en activo), el cambio de estilo es totalmente notable. Composiciones que se acercan más a esos inicios del rock alternativo, con reminiscencias de The Cure, Joy Division o Radiohead. Canciones como “Veneno para las Hadas” o “Significant Other” que nos hacen descubrir a un Steven Wilson nunca oído hasta el momento, cuyo súmmum es alcanzado con “Harmony Korine“, único single de esta joya de álbum.

Además, concuerda con uno de esos momentos creativos en la carrera de uno donde se intenta hacer una obra artística haciendo acopio de otros elementos, como la grabación de una película-documental, donde Steven Wilson, entre otras cosas, se dedica a destrozar iPods de diferentes formas posibles para reivindicar la muerte del mp3 y la necesidad de promover formatos de audio mejores y sin compresión accesibles para los usuarios.

Tras el éxito de “Insurgentes” llega el “Grace for Drowning que, siguiendo una línea parecida al antecesor, se postula como el rincón más oscuro de la discografía de Wilson. Una llamada a lo oscuro, a lo misterioso y a lo tétrico. Una mezcla de estilos donde a veces parece querer volver a Porcupine Tree y otras la sugestionabilidad por el ambiente y la atmósfera que crea nos produce el mismo miedo que una casa abandonada, a solas, a altas horas de la madrugada.

Un doble disco donde Steven Wilson nos zarandea de un lado para otro, con baladas melodiosas como “Deform to Form a Star para pasar al terror auditivo más absoluto de “Index“. Un disco que, sin duda, requiere ciertas escuchas para digerir.

En el periplo musical de Wilson llega el disco que más se acerca al progresivo tradicional, “The Raven that Refused to Sing“, un compendio de relatos y poemas inspirados en obras de grandes obras de la literatura, como Edgar Allan Poe. A pesar de las opiniones de críticos y de los fans, Steven Wilson renunció a aceptar que había compuesto su música inspirándose en grandes historias y epopeyas fantásticas como habían hecho las grandes bandas de los 70s. Y ésta es una marca distinguible de Steven Wilson, que siempre ha huido de misticismos y mitologías para centrarse en la incógnita más grande de la vida, que es el ser humano.

Si baladas como el tema homónimo o “Drive Home” llevan la marca propia e indistinguible de Wilson, Luminol (que fue elegida como canción de la semana hace tiempo en Spreading the Sound) o “The Watchmaker” son verdaderos viajes sonoros a esa dorada época de los años 70, donde el virtuosismo y la riqueza de temas y tonalidades hacen gala de las nuevas incorporaciones a la banda, como Guthrie Govan o Marco Minneman.

Tras haber salido por la puerta más grande, Steven Wilson se embarca en lo que será el disco más maduro de su carrera: “Hand. Cannot. Erase.” Inspirado en la macabra historia de Joyce Carol Vincent, Wilson se aleja del rock alternativo-oscuro de los dos álbumes primeros y del progresivo atávico del tercero, para crear un álbum conceptual donde las letras y la música se unen para generar una nueva sonoridad más sosegada y más inspiradora.

Temas como el homónimo, “Routine“, “Happy Returns” o “Perfect Life” han pasado automáticamente al elenco de canciones más populares de entre los fans, teniendo una gran influencia en su carrera posterior la cantante Ninet Tayeb, a la que llevaría de gira.

Por último, el medio álbum “4 ½ podría tratarse de un disco de extras del “Hand. Cannot. Erase.” a pesar de tratarse tanto de temas que han estado en la cabeza de Wilson durante años como de ideas y demos no usadas en la grabación anterior. “Happiness III” o “Vermillioncore” se destacan entre el resto, así como el nuevo cover de “Don’t Hate Me”, cuya colaboración con Ninet Tayeb ha logrado dar una nueva vuelta de tuerca, según algunos, al original de Porcupine Tree.

Y no nos podríamos olvidar del proyecto de estudio que lleva de la mano con el líder de los suecos Opeth, Storm Corrosion, porque entre las posibles sorpresas de la noche que se podrían ver en Poble Espanyol, una colaboración conjunta con Mikael Åkerfeldt se trataría desde luego de la jugada más deseada entre el público asistente, a sabiendas de que el nacimiento de Storm Corrosion nunca tuvo la motivación de trasladarse al directo en ningún momento.

Este proyecto que llevaron en paralelo con sus bandas principales sólo se ha materializado hasta el momento con la salida de un disco, homónimo, en el año 2012 y que, a pesar de que es mutuo el interés en continuar con colaboraciones varias en el futuro, al parecer va a ser improbable que éstas continúen siendo bajo el nombre de Storm Corrosion, o así lo manifestaron ellos entonces. Lo que encontramos al escuchar los seis temas que componen este único álbum es algo que va más allá de su música precedente optando por direccionarse hacia sonoridades más orquestrales y oscuras si cabe, atmósferas envolventes capaces de producir escalofríos que sobrepasan la barrera de lo desconocido y tenebroso y que la forma que adquieren las pocas voces presentes y los acordes de guitarra pausados otorgan toda esa intensidad y emoción a lo largo de composiciones largas y elaboradas que tan bien acostumbrados nos tienen a los que seguimos al señor Wilson o al señor Åkerfeldt. De tener el detalle de incluir alguna canción en su repertorio, seguramente nos deleitaría con “Drag Dropes” que ya estuvo en el setlist de su última gira “Hand. Cannot. Erase. Europe 2016”.

¿Qué esperar del concierto? Una pregunta difícil de responder ya que, como os decía, el hecho que Opeth esté liderando también cabeza de cartel, arroja la duda de si habrá algún tipo de colaboración con Mikael Åkerfeldt aprovechando el hecho de que seguramente se encontrará revolucionando el backstage con su más que conocido sentido del humor. Si seguirá haciendo la versión de “Space Oddissey” de David Bowie, también es otra de las dudas que me asaltan al tratarse de un concierto formato festival; pero, sin embargo, lo que me desconcierta en cierta manera es si Steven Wilson nos sorprenderá con nuevos temas del disco que hace apenas unas semanas se ha puesto ya a componer. Es de suponer que habrá un tracklist parecido al del último tour europeo, y que mi compañera jessmorell ya nos contó la cita a su paso por Bristol.

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