Opeth. Bardos o demonios, estatus indiscutible

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Escribir este artículo me ha hecho mucha ilusión. Porque la verdad es que pocas bandas han dejado huella en mí como lo ha conseguido Opeth. Los conocí cuando empecé a dar mis primeros pasos en el metal y rock progresivo, a través de singles como “The Grand Conjuration” o “Burden”. Finalmente daría con “Harvest”, que me serviría como puerta de entrada a esa obra maestra, atemporal, llamada “Blackwater Park”. Y desde esa primera escucha, en la que el solo de “The Lepper Affinity” me dejó boquiabierto, los riffs de “Bleak” hipnotizado, y la sensibilidad de “Dirge for November” enamorado, nunca volví a ser el mismo. Es un disco que realmente cambió mi forma de entender la música. Diría que la persona que surgió de las sucesivas escuchas del álbum no es la misma que la que reprodujo el CD sin saber qué se iba a encontrar.

No tardaron en seguirle “Ghost Reveries”, “Damnation” y “Watershed”, y poco a poco fui sumergiéndome en los once trabajos que constituyen su discografía, que parecen pocos. Un verdadero viaje sonoro del que he disfrutado, disfruto y no dudo de que continuaré disfrutando siempre. He intentado hacer el artículo más breve que los anteriores que hice sobre los grupos que participarán en esta tercera edición del Be Prog! My friend, pero he de reconocer que he fracasado estrepitosamente. Dividido en lo que considero las distintas etapas que ha tenido su sonido, es un paseo por la evolución de Opeth, desde ese crudo “Orchid” a la elegancia de “Pale Comunnion”. Tanto si estás familiarizado con ellos como si no, este artículo te dará una perspectiva global de su trayectoria. Y si el 2 de julio estaréis en Poble Espanyol, creo que os resultará especialmente útil.


Inicios: “Orchid”, “Morningrise” y “My Arms, Your Hearse”

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Desde sus inicios, los suecos hicieron gala de una forma única de entender su música. Con su debut “Orchid” daban el primer paso de su carrera demostrando desde el primer momento que el eclecticismo y una gran ambición creativa iban a ser sus señas de identidad. Con una formación de la que el único miembro que perdura es Mikael Åkerfeldt (compositor de todos sus trabajos), “Orchid” presenta ya esa fusión de death metal (y en esta etapa también black metal), folk y rock progresivo pero de una forma bastante alejada de la que veríamos en futuros trabajos. Tocan death y tocan prog, pero no llegan a diluirse entre ellos de la forma en la que finalmente se convertiría en su firma personal. Los cortes son largos y con muchos cambios, todos ellos ricos musicalmente, sin embargo los temas no terminan de ser redondos. Si te pones el disco del tirón y no te lo conoces bien puede resultarte complicado saber cuándo acaba una canción y empieza la siguiente. “Orchid” es un disco enorme pero comparado con lo que alcanzarían en posteriores años se nota esa falta de experiencia y madurez. En ocasiones la vibración que transmiten los temas (que no en su estructura y desarrollo) tiene un parecido con otras bandas de los noventa como los primeros Anathema o los también suecos Tiamat. Os recomiendo escuchar “Under the Weeping Moon”, de las que más me gustan de “Orchid”.

El segundo trabajo, “Morningrise”, se mantiene en la misma línea, la de unos Opeth que estaban dando sus primeros pasos, que tenían claro lo que querían plasmar en su música, pero todavía estaban puliendo la manera de hacerlo. Los temas, aun siendo todos larguísimos (la más corta es “Nectar” con sus diez minutos y nueve segundos, y los más de veinte minutos de “Black Rose Inmortal” la hacen la más larga de su discografía) tienen una estructura algo más redonda. Hay partes en las que el bajo suena con gran presencia en el mix de una forma que aún no tengo claro si me gusta o me chirría. Las abundantes secciones acústicas están mejor encajadas, con un sonido que se distancia de las bandas anteriormente mencionadas y empieza a destilar esa identidad tan suya. Por otro lado las partes más death nos muestran a unos Opeth primigenios, con unas guitarras más instintivas que rifferas, con una influencia más marcada del black metal y con buenas melodías pero sin riffs memorables. “To Bid You Farewell” condensa la melancolía que inunda el álbum en el que es su primer tema sin guturales, sin contar los interludios de “Orchid”. Una verdadera delicia auditiva tirando de sus influencias más livianas. Este sería el último trabajo en el que contribuirían al bajo y a la batería Johan de Farfalla y Anders Nordin.

El disco con el que cierran su primera etapa es “My Arms, Your Hearse”, que aun estando más enmarcado en el sonido de los anteriores que en lo que estaría por venir, ya se desmarca en varios aspectos. En primer lugar, en cuanto a sonido. En lugar de ser producido por Dan Swanö como sus predecesores, pasa a encargarse Fredrik Nordström, con un resultado la verdad mucho más pulido y definido. Estilísticamente es mucho más agresivo, tira más de rabia que de melancolía, hay menos partes acústicas, y las guitarras distorsionadas empiezan a adoptar el estilo de álbumes posteriores, conteniendo todavía esa esencia tan black pero con algunos riffs más trabajados e identificables. En segundo lugar, líricamente es su primer esfuerzo conceptual, contando la tenebrosa historia de un alma que no encuentra el reposo tras la muerte. El título de cada canción consiste en las palabras con las que concluye el tema anterior. La larga y variada “When”, la intensa y épica “Demon of the Fall” (menudos riffs iniciales, y qué enormes son las melodías del final…) o la chocante suavidad de “Credence” son algunos de los momentos a destacar. Pero es que, como en cualquier trabajo de Opeth, es obligado escucharlo de principio a fin para entender y disfrutar la experiencia al completo.

Estos tres primeros discos, teniendo tantos puntos en común entre sí y con lo que estaría por venir, sin embargo nos muestran ya a una banda sin miedo a evolucionar y reinventarse. No hace falta irse a los dos últimos trabajos para ver cambio, porque desde el primer momento Opeth han estado puliendo su sonido y abriéndolo a la más pura diversidad.


La consolidación estilística: “Still Life” y “Blackwater Park”

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En “Still Life” encontramos el que es el cambio estilístico más marcado de la banda hasta ese momento, de la mano de la que es al menos una de las dos mejores formaciones que ha presentado Opeth: Martin López a la batería y Martin Méndez al bajo. Sublime el trabajo que hacen a la sección rítmica. Peter Lindgren a la guitarra y Mikael Åkerfeldt a las seis cuerdas y voz. Repiten en cuanto al aspecto conceptual, contando en esta ocasión una trágica historia de amor en un tiempo pasado tratando temas como el ateísmo o el extremismo religioso. Compositivamente no diría que se reinventan, ya que siguen sonando a ellos mismos y a grandes rasgos son los mismos que en los trabajos anteriores. Pero dan un giro en cuanto a la forma que quieren afrontar su ecléctica formula, marcándose el que era su álbum más rico en matices por entonces. La influencia más black queda de lado, abrazan el death metal como el camino a seguir, con un trabajo a la guitarra muchísimo más pulido y lleno de grandísimos riffs en todos los temas. Las partes acústicas no diría que son superiores en cuanto a calidad, ya que siempre han sido impresionantes, pero sí que me parecen encajadas de una forma más sabia. Y su gusto por el progresivo clásico se incluye con mucha elegancia (hasta con un guiño a Camel en “Benighted”).

Sin duda es uno de mis dos discos favoritos de Opeth. Y es que no faltan motivos: fluye con una gracia envidiable entendido de forma completa y además está conformado por cortes redondos que se sostienen a la perfección de forma individual. “The Moor” me parece una de sus composiciones más increíbles, y eso ya es decir de una banda como Opeth. La intro acústica, una sucesión de riffs que deja huella, alguno de los mejores juegos vocales de Åkerfeldt… imprescindible. “Godheads’ Lament” contiene alguna melodía que no parece de este mundo, y la profundidad de “Benighted” llegará a lo más recóndito de tu ser. “Moonlapse Vertigo” muestra que los sonidos extremos no están reñidos con la elegancia, y “Face of Melinda” que cuando Mikael deja los temas pseudo-satánicos de lado es capaz de escribir grandísimas letras. Y cómo no, espectacular cierre con “Serenity Painted Death” y “White Cluster”, la cual tocaron en la primera edición del Be Prog! y no me quejaría si volviera a sonar. Menudo solo de guitarra.

Blackwater Park” es considerado por muchos su mejor trabajo (yo entre ellos), y desde luego no es de forma injustificada. Cogen todo lo que han sido y son y lo pulen, perfeccionan y redefinen en un disco que sin duda es un hito histórico del metal extremo y el progresivo en general. Y para entender el porqué de esto hay que destacar un dato indispensable: la implicación en la producción de Steven Wilson. De igual forma que haría más adelante con los ingleses Anathema, la perspectiva de Wilson cambió las reglas del juego para Opeth, ayudándoles a aclarar sus ideas y encontrarse a sí mismos como no lo habían logrado hasta entonces. También colaboró con su voz en alguno de los temas. Somos unos cuantos los que soñamos con una colaboración suya en Poble Espanyol en temas míticos como “Bleak” o “Harvest”.

El tracklist se podría resumir en que es perfecto. “The Lepper Affinity” lo tiene todo, riffs a la par rabiosos y con estructuras interesantes, fantástico uso de la acústica y un solo de guitarra que se mantiene entre mis favoritos en general. Mikael no es únicamente un genio componiendo, también es un fantástico guitarrista. “Bleak” me parece como “The Moor”, de los temas más colosales que han ideado. La folkieHarvest” fue el corte con el que me cautivaron hace años, una verdadera obra de arte. “The Drappery Falls” nos deja ver los dos aspectos de Åkerfeldt, el de bardo y el de demonio, de forma claramente diferenciada en una pieza excepcional. La intro de “Dirge for November” es sencillamente preciosa, igual que lo es el interludio “Patterns in the Ivy”. De “The Funeral Portrait” me quedo con la dinámica sucesión de riffs inicial. El corte homónimo es el encargado de cerrar. Pero es que podría hablar maravillas hasta de los bonus tracks. Si no lo habéis hecho ya, escuchad “Still Day Beneath the Sun”.

Quizás os parezca que me he excedido con tantos elogios, pero es que “Blackwater Park” es el álbum que más impacto ha tenido sobre mí. Cambió por completo mi forma de entender la música con una magnitud que nunca más he vuelto a encontrarme.


Las dos caras de la moneda: “Deliverance” & “Damnation”

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La sensación que te dejan “Deliverance” y “Damnation” es la del blanco y negro de sus portadas, la infinidad de matices que hay en el gris. Discos cargados de significado y de melancolía, sinceros, con un Mikael más cercano que nunca en esa “Hope Leaves” dedicada a su abuela. En “Blackwater Park” alcanzaban el clímax en cuanto a creatividad, pero nunca supieron demostrar que son tan buenos siendo duros y siendo delicados como en estos trabajos hermanos. Tan diferentes, y al mismo tiempo tan parecidos.

Deliverance” es el nexo que une el anterior trabajo con “Ghost Reveries” estilísticamente hablando. Se aleja aún más de las raíces de Opeth, renunciando a esa parte más primigenia de su sonido que perduraba todavía en “Still Life” y “Blackwater Park”, y en cambio se muestran más maduros compositivamente si cabe. Riffs con estructura más interesantes y trabajadas, cambios más sorprendentes y una atmósfera general más compacta. Las guitarras acústicas en este caso pierden presencia a favor de la eléctrica en el canal de limpio, con una nostalgia que duele. Es el trabajo que contiene uno de los cortes más emblemáticos de los suecos, la inconmensurable “Deliverance”. “A Fair Judgement” es el ejemplo perfecto de la citada melancolía, con unos solos en los que cada nota cuenta. El inicio de “Master’s Apprentices”, con ese doble pedal de batería y riffs arrastrados recuerda al estilo de Morbid Angel. Un gran tema con un cambio en la segunda mitad, con el acople del pedal delay, la acústica y esas notas alargadas hasta el infinito que contrastan de una forma celestial.

En “Damnation” Opeth nos enseñaron que eran capaces de dejar totalmente de lado el aspecto más violento de su música y continuar sonando a sí mismos. Era un aviso de cara a lo que nos encontraríamos más adelante. Que si queríamos encontrar calidad indiscutible en cada uno de sus lanzamientos, debíamos eliminar cualquier idea preconcebida de lo que esperabamos de ellos y dejar que simple y llanamente hicieran el disco que quisiesen hacer. Y en ese momento Mikael ya había plasmado toda su rabia en “Deliverance”, por lo que ahora solo le quedaba llorar la pérdida y maldecir la realidad. Y lo hace a través de joyas como “Windowpane”. ¿Se puede decir más con menos? ¿Cómo no empatizar con temas como “In My Time of Need”? ¿Cómo no sentir cada nota de “Death Whispered a Lullaby”? Los arpegios de “Closure” te hacen volar, mientras que con “Hope Leaves” deseas haber podido reconfortarle en aquel momento de dolor. En “Damnation” nos dieron una lección, la de lograr mostrarnos su cara más íntima al mismo tiempo que sonaban como los Opeth de siempre.


La madurez de la fórmula: “Ghost Reveries” y “Watershed”

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Los dos últimos trabajos de Opeth que aún pueden englobarse dentro del death metal. Suponen la madurez definitiva del estilo que los caracterizaba. Ya nadie puede dudar (aunque no creo que nadie dudara nunca de ello) que son los absolutos maestro en lo que hacen. En estos discos cogen la propuesta por donde la habían dejado en “Deliverance”, la refinan un poco más y suman a Jens Bogren a la producción. Y no debería de sorprendernos que con él a los mandos saquen el sonido más pulido de su carrera. Que guste más como sonaban en anteriores producciones es posible, pero objetivamente hablando nunca han sonado tan definidos y equilibrados como aquí.

Ghost Reveries” sería el último álbum en contar con Martin Lopez y Peter Lindgren a la guitarra (único miembro original que quedaba al margen de Mikael Åkerfeldt) y el primero con Per Wiberg como miembro permanente al teclado. Además suponía su debut por Roadrunner Records. Y es un disco con un tracklist realmente brillante. Las despiadadas (pero también sentidas por momentos) “Ghost of Perdition” y “The Baying of the Hounds”, el toque más psicodélico/progresivo de “Atonement” o la perfección de “Harlequin Forest”. Las íntimas “Hours of Wealth” y “Isolation Years” nos regalan unos minutos de introspectiva oscuridad. La sensibilidad con la que cierran el disco pone la piel de gallina.

Watershed” fue un disco que me fue ganando por partes. Primero “Burden” y “Porcelain Heart” cumpliendo su función de singles como corresponde, la primera con ese deje tan bluesero en las guitarras y la segunda con sus tétricas melodías. “Coil” me enamoró desde la primera escucha, menudo gusto con la acústica y geniales al micrófono tanto Mikael como la colaboración de Nathalie Lorichs. De “The Lotus Eater” me encanta que al principio hace lo contrario a lo predecible: blast beats con voz melódica para dar entrada después a los growls. Pero la gran pieza del álbum es “Heir Apparent”, recurrente en sus directos, y con razón. Fredrik Åkesson introduce un solo de shred que no queda nada mal, sin duda fue un gran fichaje. Igual que Martin Axenrot, con un estilo diferente al de Lopez a las baquetas que se adapta muy bien a la etapa actual de los suecos.


Punto de Inflexión: “Heritage” y “Pale Comunnion”

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Con “Heritage” se produjo el cambio que define a los Opeth actuales. Sintiendo que hacer un disco siguiendo la estela de “Watershed” no les iba a llenar, cambian totalmente de dirección y hacen el álbum que desean hacer. Un sonido de reminiscencias claramente setenteras, con producción (autoproducido) muy diferente y aún más diferente estilo. El rock progresivo más clásico de bandas como Yes y el hard rock de Deep Purple o Dio pasan a ser las señas de identidad de estos nuevos Opeth. El mellotrón o el hammond ganan presencia en su sonido, los riffs se reinventan con una aproximación muy distinta, igual que los solos. Incluso las partes más folk tienen una esencia diferente, quizás por la ausencia de contrastes que los caracterizaba. Pero lo que más le diferencia de sus compañeros de discografía, es que es el menos oscuro con diferencia. Es el disco que menos me gusta de su discografía, lo cual no significa que cuestione su calidad y no disfrute de temazos como “The Devil’s Orchard”, “The Lines in My Hand” o “Folklore”.

Con “Pale Comunnion” acertaron más a mi parecer. Cogen su propuesta por donde la dejaron con “Heritage” y vuelven a hacer un pequeño viraje estilístico. Suena más solemne, más oscuro y más profundo, vuelven a sonar a Opeth aunque sea de una forma diferente. Mikael brilla como nunca al micrófono, juguetean con instrumentación de cuerda en temas como “Voice of Treason”, y las guitarras tienen menos presencia de la que nos tienen acostumbrados. Eso no quita que en temas como “River” haya arpegios y solos memorables. Y otros como “Faith in Others” tengan atmósferas logradísimas. O en la instrumental “Goblin” exploten su vena más psicodélica y nos ganen con el resultado. Como decía cuando reseñé el disco hace dos años, tenemos que estar contentos de que Opeth hagan siempre la música que desean. Porque de esta forma, se acerque más o menos a nuestros gustos, siempre nos ofrecerán algo digno de ser escuchado.


Respecto al directo, si os sirve yo siempre digo que los conciertos que más me han marcado son dos: por un lado Anathema en 2012 cuando giraron presentando “Weather Systems”. Sonidazo, dos horas y media y una conexión más que especial con su música. Por otro Opeth en la primera edición del Be Prog!, a día de hoy sigue siendo técnicamente el mejor concierto en el que he estado. Sonido ultra definido, clavando cada parte, bruta o suave, un frontman inigualable y una puesta en escena de la banda muy buena. Este promete de primeras ser más especial si cabe, pues tocarán dos horas y cabe la posibilidad de una colaboración con Steven Wilson…

Pocas bandas puedo recomendar tan fervientemente como Opeth. Tiene muchísimo mérito llevar 11 trabajos discográficos y no haber dado ningún traspiés. Y confío en que en el futuro, hagan lo que hagan, vuelva a haber death metal o no, esto continúe siendo así.

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