Imágenes con voz propia. “A Moon Shaped Pool” de Radiohead

A Moon Shaped Pool COVER

Radiohead siguen vivos. Thom Yorke y compañía han facturado este “A Moon Shaped Pool” para hacernos felices y hacer que vuelen nuestras mentes y nuestra imaginación. Esto siempre es motivo de enhorabuena.

Fieles a su ya habitual modus operandi, tras CERO menciones a nueva música en las entrevistas más recientes, de repente aparecen los vídeos de los dos primeros temas del disco junto a la fecha de publicación en su página de facebook. El hype se dispara.

Hay que reconocerles que lo de no crear expectativas es una buena estrategia. Siempre nos pillan con la guardia baja, pero es que los temas son de tal calidad que la reacción positiva por parte de los seguidores es inevitable. Ellos tienen sus cartas y siempre las juegan bien. Da igual lo que se propongan, cuanto más se alejan de aquella banda que reventó las listas de éxitos con “Creep” y posteriormente “OK Computer”, más fortalecen su estatus de banda de culto. En este sentido me recuerda al gran David Bowie: siempre dan un paso hacia delante, aventurándose en terrenos vírgenes y respondiendo a una necesidad cada vez más artística que musical. Radiohead (no) componen música, crean arte. Además, parte del misticismo que rodea a la banda podría atribuirse al NO-estatus de estrellas del rock de sus componentes. Alejados de escándalos y llamadas de atención innecesarias y ridículas, los británicos son respetados como músicos tanto por los aficionados como por los medios musicales mientras que de sus vidas personales sabemos relativamente poco.

Band 2

Este “A Moon Shaped Pool” no es un trabajo sencillo de escuchar. Es discazo, pero si no se presta atención puede resultar monótono. Y caer en juicios injustos. Los temas son muy cinematográficos. Nunca había empleado este término para describir música, pero creo que es el que mejor define estos temas en términos generales. Partiendo de la paleta de sonidos en la que se mueven Radiohead, los nuevos temas son muy etéreos, artísticos, lentos, con voces calmadas, sin apenas estridencias y evocan constantemente imágenes en nuestra mente. Llenos de matices, estos temas han sido compuestos para acompañarse de vídeos. Son oro para bandas sonoras del séptimo arte.

Os invito a disfrutar de los dos primeros cortes, “Burn the Witch” y “Daydreaming” mientras veis los vídeos. El primero es oscuro y tétrico, guiado por los arreglos orquestales de cuerda, mientras que el segundo es más ambiental y cálido. La experiencia de ver los vídeos al mismo tiempo que escuchamos la música es verdaderamente absorbente. Parece que Yorke nos susurre al oído y su voz vaya fundiéndose con el resto de instrumentos e imágenes en una experiencia única en la que todo esta interconectado. Os invito a que lo califiquéis vosotros, pero para mí es ARTE. Con mayúsculas. Por cierto, ¿alguien (además de mí) aprecia un guiño a la habitación roja de Twin Peaks en la parte final del segundo tema/vídeo? Ahí lo dejo.

Unos arpegios de piano sencillos, una tenue guitarra ligeramente distorsionada, un bajo austero pero potente e infinidad de arreglos de estudio acompañan a la sugerente voz de Yorke en “Decks Dark”. Un tema tranquilo pero muy rico y redondo.

Con una instrumentación más convencional en la que la guitarra acústica y la percusión son predominantes, “Desert Island Disk” tiene un aire psicodélico que, salvando las distancias, trae a mi mente el “Planet Caravan” de Black Sabbath. Obviamente los temas no tienen nada que ver, pero me producen una sensación similar. Por cierto, el nombre del tema hace referencia a un programa de BBC en el que celebridades escogían los discos o temas que se llevarían a una isla desierta. El ex-primer ministro británico David Cameron optó por “Fake Plastic Trees”. Contrasta mucho con la rápida, hipnótica y de repetitiva letra “Ful Stop”. Yendo de menos a más, el momento en que se incorporan la batería acústica y la guitarra supone el punto de inflexión. Un tema que rompe la homogeneidad del disco. Necesario. Con “Glass Eyes” todo vuelve a la normalidad. Teclados y arreglos orquestales crean la atmósfera que acompaña a un Yorke tan melancólico como de costumbre. Un tema breve y precioso.

Band 4

“Identikit” tiene dos cosas que verdaderamente me encantan y que lo hacen un tema diferente. Tiene un solo de guitarra (muy suyo Jonny Greenwood) y unos teclados con un tono muy cósmico que se coge durante la parte del estribillo, para darle intensidad a ese mantra que es “broken hearts make it rain“. Además, el ritmo de la parte inicial del tema es bastante desconcertante a la par que interesante.

“The Numbers”, uno de mis cortes predilectos en este trabajo, arranca con unos teclados que parecen bañados en agua a los que se unen las guitarras y voz. No sé si es el aire más folk y psicodélico, los coros de one day at a time, los arreglos orquestales o el aire a lo Beatle, pero me rindo a los pies de este tema. Influenciada por la música brasileña, “Present Tense” es la aproximación de Radiohead a la bossanova. ¿A alguien más le recuerdan los coros de la segunda mitad del tema a “Paranoid Android”?.

“Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” te absorbe con sus teclados, teclados y más teclados. Capas de violines, violines y todavía más violines. Un final apoteósico que nos lleva a ruido, ruido y más ruido. Genial.

El punto final lo pone la genial “True Love Waits” una inspirada balada con piano. Aunque la estructura del tema es sencilla, una gran variedad de arreglos la convierten en hipnótica, al mismo tiempo que la alejan del prototipo de tema pausado.

Band 3

Personalmente, es un disco que he disfrutado mucho más al escucharlo como una colección de temas sueltos. No es que no sea redondo, es que ha sido el modo de fijarme en cada uno de ellos y detenerme para profundizar en ellos. Tal vez tenga que ver que la mayoría no han sido compuestos durante este último tiempo, sino que son bocetos de temas que han trabajado en sesiones de grabación anteriores pero que no han resultado convincentes hasta ahora.En esta nueva entrega, Radiohead dan más protagonismo a los teclados, sintetizadores y arreglos orquestales. Sencillos y delicados, cada tema es un nuevo granito de arena en la excelente discografía de la banda y ninguno de ellos es innecesario o pobre. Justo al contrario, evocan el espíritu de clásicos como “Kid A”, “Amnesiac” o “In Rainbows”. Imperecederos, atemporales, diferentes, originales, creativos… se les ha descrito de muchos modos. Yo prefiero quedarme con que son unos artistas, en el sentido más amplio de la palabra.

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