Myrath – Legacy

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El otro día andaba indagando por los oscuros archivos de Spreading. Al poco encendí la luz y ya pude buscar con mayor claridad. Mi búsqueda se centraba en la reseña que hice de los tunecinos Myrath y su último disco sacado en febrero, “Legacy“. Tras una infructuosa búsqueda me di por vencido y me sometí a la cruda realidad: no había reseñado el disco. Se me olvidó, igual que podía haberme olvidado de cerrar el gas, con lo diferencia de que esto último habría supuesto una espectacular explosión –espectacular vista desde fuera–, mientras que lo primero solo conllevará un ligero retraso de unos meses en reseñar el disco. Y esta es la historia, no hay más que decir. Ah sí, voy a contextualizarlo, que suele ser necesario.

Desde su demo “Double Face” en el 2005 hasta hoy han estado puliendo y trabajando un sonido muy especial, siguiendo una evolución que partió en un primer momento de un sonido muy deudor de Dream Theater y sobre todo Symphony X, como podemos comprobar si escuchamos “Hope” (2007), en mi opinión su mejor álbum, pese a –o gracias a- dicha similitud. Dicha evolución incluía en su núcleo un ambiente arábigo que en sus dos siguientes discos, “Desert Call” (2010) y “Tales of the Sand” (2o11) lograron llevar mucho más allá, despengándose un poco de sus antiguas influencias y trabajando un power progresivo más folk con influencias de oriente próximo. Sabéis qué viene ahora. Exacto, su último disco, “Legacy”, donde remachan su fórmula con buena letra y nos vuelven a dar aquello que les ha hecho desmarcarse y conseguir el reconocimiento de la escena. ¡Y qué profesional estoy sonando!

La intro instrumental de rigor, “Jasmin”, sin ningún elemento de metal, nos trae esos sonidos arábigos propios de la banda y sirve para enlazar con el singleBeliever” que ya nos trae unas guitarras bien potentes que complementan de maravilla a los violines, coprotagonistas de la velada. El tema es sencillo y facilón, como podíamos esperar del single, pero nos otorga uno de los mejores y más pasionales estribillos del álbum, y sus melodías nos arrancarán unos cuantos cabeceos de asentimiento. El vídeo, con ese CGI tan rancio que a todo el mundo encanta, hay que verlo para creerlo: una mezcla de Prince of Persia y Assassin’s Creed donde el fantástico solo de Malek es interpretado con una guitarra de humo… ¿y por qué no? A saber lo que se habían fumado. Algo bueno, desde luego.

En “Get Your Freedom Back“, de riffs más marcados, potentes y trabajados, notamos más esa percusión arábiga al mando de Morgan Berthet que tanto hace destacar las canciones de Myrath. Es un tema basado sobre todo en el ritmo, donde la guitarra queda en gran medida en un segundo plano junto al resto de cuerdas, aunque siempre planeando y aportando dureza, equilibrio y elegancia en los momentos precisos. Atención al pequeño solo de batería/bajo que se marcan Berthet y Jouini tras el estribillo –precioso este último, por cierto, a la par que complejo–, pequeños detalles como estos son los que marcan la diferencia.

Los violines abren “Nobody’s Lives” creando una bella melodía que se desarrollará a lo largo de la canción e irá complementando al resto de instrumentos y realzando la voz del increíble vocalista, Zaher Zorgati, dándonos por fin los primeros versos del álbum en árabe, aunque pocas veces lo hará, no entiendo porque, pues casa mucho en contraste con el inglés. De hecho, el interludio –quitando el solo– en árabe es la mejor parte de la canción, cincuenta hurras por la base rítmica, espectacular.  Por su parte, “The Needle” nos ofrece las secciones más metaleras de la obra. Es aquí donde uno más va a poder disfrutar de unos riffs abrasivos y una batería y un bajo sólidos, disimulados ocasionalmente por la dulce voz de Zorgati, pero sin perder nunca la potencia.

Una trabajo instrumental maravilloso es el que vamos a encontrar en “Through Your Eyes”, tanto de instrumentos acústicos como orquestales. Qué más, a ver… ah sí, pasión, emoción, estructuras y melodías cuidadas hasta el infinito… en fin, todo lo que uno se esperaba. ¡Menuda canción! Y no es nada menuda. Cuando las cuerdas acaban su introducción, propia de una banda sonora de Hollywood, un increscendo en el que coros e instrumentos deciden unir fuerzas nos lleva al estribillo donde Zaher se suelta y domina sin reparos. A su lado, “The Unburnt” palidece un pelín, pero cumple con la epicidad del concepto que representa: un homenaje a Daenerys Targaryen, de la saga “Canción de Hielo y Fuego”. Aquí, como en “The Needle”, encontraremos guitarras potentes y una base rítmica dura que contrasta con otros temas. No voy a mentir, las atmósferas que se consiguen crear en el puente y el estribillo con los coros y las melodías de vocales de Zaher no tienen precio. El disco, paradójicamente, sí que tiene precio.

Por fin, una balada. Sé que lo estabais deseando. ¿No? Bueno, allá vosotros. Personalmente, siempre me gusta comprobar cómo funciona la banda, y sobretodo el cantante, en una balada. Con Myrath ya sé que me voy a encontrar oro, pero por si acaso, vamos a ver. Pues sí, oye, oro, la profecía estaba más clara que… que una profecía. “I Want to Die”, con su tono grave, serio y mesurado y su dramática melodía, muy bien interpretada, conmueve hasta a las rocas más mustias. Forma parte, junto a “Duat” en menor medida, de la parte más calmada, emocional y solemne del álbum.

Endure the Silence” comienza con un piano más propio del cine mudo –mucho cine vemos por aquí– y progresa en otro gran tema progpower algo más oscuro que el conjunto, con un puente y un estribillo que ascienden hasta mirar hacia abajo y darse cuenta de que la ostia va a ser gorda, mientras que “Storm of Lies” pone punto y seguido a un gran álbum con una apabullante muestra de metal melódico construido a base de cuerdas y un gran trabajo a los parches. Fenomenal también el solo, Michael Romeo estaría orgulloso.

Decía lo de punto y seguido porque “Other Side” es el bonus track. Cumple con lo esperado, con melodías arabescas y un ritmo escurridizo y juguetón, y ahora sí nos deja con un pedazo de álbum labrado durante cinco años corchea por corchea. Y es que cualquiera que lo escucha podrá sentir esto: cada nota está donde debe y todo el mundo brilla con luz propia. Aún así, esa luz podría haberse repartido mejor, ya que la guitarra y el bajo caen rendidos en muchas ocasiones ante las orquestaciones, a costa de crear un sonido mucho menos contundente. ¿Qué han perdido? Dureza y progresividad. ¿Qué han ganado? Pues prácticamente todo lo demás, así que no vamos a ponerle pegas.

Hasta aquí la historia de los caballeros de la arena. No se les conoce por ese nombre, solo yo, pero bueno, queda poético y tal. Si buscáis un grupo distinto, algo que se salga del molde, algo con un toque distintivo que haya encontrado un sonido inmarcesible con el que se sienten a gusto e identificados y sepan explotarlo con estilo en cada uno de sus discos, escuchad a Myrath. Si no, no lo hagáis, y en paz.

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