Nick Johnston – Remarkably Human

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En un mundo hipersensibilizado en todos los sentidos aún quedan muchos universos ocultos por descubrir. Y en un punto histórico, a cien años de las vanguardias, donde el arte se ha expandido y se ha absorbido así mismo, en una retroalimentación que ha llevado a la decadencia, Nick Johnston hace aparición. Porque bien es sabido que los hijos de la generación shred llevaron los límites de la música a una racionalidad renacentista, donde sólo determinadas fórmulas, en las que imperaba la técnica, tenían cabida en el público.

Bien, si esto no es del todo cierto, no es mentira que la mayoría de gente a la que nos gusta el mundo guitarril, hemos sentido cierto hastío por este fervor hacia la prestidigitación en el mástil. Y ahí es donde figuras como Guthrie Govan, Shawn Lane, Greg Howe, o incluso Jeff Beck, aparecen. Músicos que con un background jazzístico, renovaron la escena musical predominante y la enriquecieron con diferentes acercamientos. Y es curioso, muchos de los magos de los 80 o 90’s han sido relegados a la categoría de “clásicos” porque su forma de tocar era demasiado linear y predecible. La evolución del arte sin duda. Nick Johnston es hijo de esta nueva corriente donde una nueva mentalidad y una técnica re-evolucionada, ha logrado dar un soplo de aire fresco al rock instrumental, un género muy quemado.

Remarkably Human“, apenas recién salido del horno, es el 4º disco de Nick Johnston. Si bien los anteriores discos han pasado ciertamente desapercibido, a pesar de haber contado con colaboraciones como Paul Gilbert o Guthrie Govan, este se ha destacado a través de una gran campaña mediática a través de internet -incluso ha subido el álbum íntegro en su cuenta de Youtube (link al final del post). Y es que, leyendo a través de la red, muchos se han visto sorprendidos ante pequeños anuncios en Facebook en el que aparecía este desconocido Nick. Y yo no iba a ser menos. Recuerdo el día en el que se lo enseñé a andiros y los dos conectamos rápidamente con la música de Johnston.

Porque nos sonaba muy raro que un guitarrista instrumental se acercara a mundos cercanos a la música sinfónica y al progresivo moderno, desde un sonido Stratocaster (aunque Nick ya tiene su propia signature en Schecter Guitars). Y más sorprendidos nos quedamos al descubrir que colaboraban Gavin Harrison (uno de nuestros baterías favoritos, teniendo trabajos con Porcupine Tree o King Crimson), Brian Beller (The Aristocrats, Steve Vai) o  Luke Martin (Plini). Encontrábamos así un sonido clásico, que destilaba melodías pop à la Satriani y que las combinaba con tonos más oscuros de un Steven Wilson, acompañados todos ellos de una orquestación exquisita. Con tamaña introducción, no podíamos dejar de reseñar los ocho temas que componen el “Remarkably Human” del bueno de Nick en Spreading the Sound.

It was like a terrible nightmare…, una voz terriblemente sacudida por la tragedia y acompañada de una intranquila melodía de piano inician el álbum. “Ignore Alien Orders” marca el comienzo de este viaje musical. Un desasosiego intranquilo, una sensación contradictoria que nos transporta a un mundo devastado. La guitarra de Johnston entra en escena de una manera muy delicada que nos describe la realidad de la tragedia. Ya de inmediato sabemos que no estamos ante un disco de guitarra instrumental cualquiera, pues la propia guitarra ya no es el centro de atención; las manos de Luke Martin, el trabajo de Gavin Harrison a la batería, marcan una solidez en la instrumentación que difícilmente se escucha en trabajos modernos de este calibre.

Seguida de “Remarkably Human“, el dramatismo nos llega al espíritu. Una tristeza, una melancolía por el mundo perdido: el desastre apocalíptico que ha conducido al fin de la humanidad fluye ante nuestros oídos. Una melodía muy rica que se clava en nuestra cabeza y que nos hace reflexionar hondamente. “Remarkably Human” es una balada lenta que se aleja de lo establecido, y contiene parte del espíritu prog moderno. Lejos de convenciones, la canción llega al clímax sobre el minuto 4:00, sin hacer atisbo de un virtuosismo gratuito al que muchos estamos acostumbrados. Una maravilla auditiva que acompañada por la batería de Gavin y el piano de Martin, lleva el tema a una emoción suprema sobre el minuto 4:55. Un tema pesado, cargado de angustia y, posiblemente, de esperanza, apto para todos los públicos.

Tras el impacto sensitivo al que hemos estado expuestos, llega “Impossible Things“, un tema mucho más tranquilo y más en la línea de los anteriores trabajos de Nick Johnston. Un tema más cercano al Satriani de los 2000’s. Sin embargo, las influencias más fussioneras hacen cabida en este tema que va evolucionando por distintas armonías para volver siempre al tema principal. Un tema tranquilo que sirve de puerta emocional hacia el siguiente tema.

Poison Touch“, cuarta pieza de este álbum, es una de mis canciones favoritas de este álbum. Un sonido que me recuerda mucho al “Black Swans and Wormhole Wizards” del ya mencionado Satriani. Un toque que lejos de ser venenoso, contiene una sensualidad y una magia especial. Una melodía muy fácil de tararear que es una delicia escuchar siendo armonizada continuamente por el piano.

Llegando a la mitad del álbum, llegamos a “Hypergiant“, otra de esas baladas que nos incita a cerrar los ojos. Una melodía principal que se desarrolla desde el minuto 00:30 y que nos acompaña a lo largo de más de 7 minutos de canción. Un tema que, quizás el que más, se acerca a la guitarra instrumental contemporánea. Con un tono mucho más bluesero que el resto de canciones, se hace otra de las canciones imprescindibles de este álbum.

Weakened by Winter” es otra de esas baladas que parecen tener un cariz más clásico y pop pero que suena siempre diferente por esa incursión del piano en el eje de la canción. Además, con un nombre que refleja las pesadillas mentales que sufrimos los que vivimos en el norte con el amanecer de un nuevo día camino del solsticio invernal, uno empatiza y siente continuamente cada vez que escucha este bonito tema.

Así llegamos a “Fear Had Him by the Throat“, la que considero mi canción favorita de este gran álbum. Con un dramatismo que ya no nos pilla desprevenidos logra, sin embargo, mantenernos alerta sobre la historia a la que estamos apunto de asistir. Con sonidos y melodías que provocan ansiedad, llegamos a un estribillo donde los sentidos se relajan y nuestros miedos desaparecen. Terrible, tremendo. Y qué decir de ese inesperado quiebre alrededor del minuto 02:30, que poco a poco nos va sumergiendo en ese torbellino terrorífico sin apenas darnos cuenta, para llegar a una sublimación que no se puede describir con palabras. Porque nadie podría esperar que el desenlace se llevara de la mano de un toque neoclásico que reinventa al propio Malmsteen a partir del 04:14. Sinceramente, es una de las secciones más sensuales y  con mayor sensibilidad que he escuchado nunca, todo para volver al tema principal con más fuerza si cabe.

Llegando al final del álbum, tenemos otra de esas piezas con un dramatismo y una oscuridad particular, que nos hace pasar a ser oyentes activos. “A Sick and Injured Brain” sigue repitiendo las fórmulas de las anteriores canciones: lentitud, melodías simples que se deslizan sobre armonías inspiradoras y una melancolía subyacente. Una simpleza que nos nubla la visión sobre el minuto 03:00 y que nos lleva por un paisaje sonoro al que vagamente nos recuerda al Steve Vai más calmado y explorador más reciente. Finalmente, la guitarra se queda suspendida en el aire, a la par que distintas voces van apareciendo dando aún más dramatismo a la pieza. Un principio y un final de álbum parecido que nos deja confusos y ensimismados a partes iguales.

Como conclusión, diría que Nick Johnston, con el presente trabajo, ha logrado dar una vuelta de tuerca al panorama guitarril actual. Y es que comparándolo con sus anteriores trabajos, como “Atomic Mind” o “In a Locked Room on the Moon”, hay una evolución muy clara. Encontramos un sonido muy maduro, muy alejado de las muestras de virtuosismo típicas como “Sandmonster” o “Ghost of the Robot Graveyard”. Y casi me atrevería a decir que si el Plini actual que bebe directamente del Steve Vai y el John Petrucci más espiritual y épico, Nick Johnston lo hace directamente del galáctico Satriani, aunque con toques del Petrucci, Govan y Marty Friedman más inspirador.

Y lo más interesante y que siempre he pensado mientras escuchaba a Johnston es que, a pesar de ser un músico autodidacta, Nick debería ser el alumno perfecto. El uso de dominantes secundarios, las improvisaciones y los licks que logra implementar en su sonido particular, es aquello que nuestros profesores querían conseguir de nosotros y nunca consiguieron. Sin más, un disco muy rico en matices que ya no sólo agradara a los fans de las 6 cuerdas, sino a un público más abierto.

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