Epica – The Holographic Principle

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¡Lo tenemos! ¡Bravo, Epica! No, no han encontrado la fuente de la juventud –aunque si la hubiesen descubierto, no se lo habrían dicho a nadie– ni han descubierto la cura para un disparo en la cabeza. Lo que han conseguido es sacar un  nuevo discazo, “The Holographic Principle”, tras haber sacado otro discazo “The Quantum Enigma” –que también fue nuevo en su día–, tras haber sacado otro discazo anteriormente “Requiem for the Indifferent”, y así hasta remontarnos a los tiempos en que la banda holandesa no era más que una diminuta célula huevo o cigoto. Ya que ha surgido por pura casualidad el tema del nacimiento de la banda, aprovechemos para decir que su origen data de tiempos antediluvianos, concretamente del 2002. Sus integrantes, con palos y piedras conocidos por ellos como “instrumentos”, se dedicaron a crear una arcaica amalgama de sonidos musicales: metal sinfónico.

Si me perdonáis me paso al siguiente párrafo que el otro ya es muy largo. El caso es que de entre todos los cavernícolas y sus atávicos instrumentos, destacaba uno –más bien una– que expresaba los sonidos con su voz. Una voz intensa y potente a la vez que grácil y cristalina, una voz de registro roquero pero también operístico –tengan en cuenta que el rock sí, pero la ópera todavía no existía en la prehistoria, por lo que el hecho es aún más sorpresivo–, y a esa mujer la llamaban Simone Simons. Del resto de la banda, aquel conocido como Mark Jansen sigue también desde sus comienzos tocando la guitarra, así como Coen Janssen al piano.

En otro orden de cosas y en un lenguaje más actual, este año se han acercado de nuevo al estudio para hacer lo que ya os he dicho que han hecho. Un discazo. Tranquilos, ahora lo desarrollaré un poco más. El sonido que nos traen es un tanto continuista, a saber, la voz de Simons que sabemos que no va a fallar porque no es no, apoyada en los momentos oportunos por los guturales de Jansen, guitarras melódicas junto a otras más contundentes y coros “epitásticos” –palabra que acabo de acuñar, mezcla de épico y bombástico–. Por otro lado, no se puede negar que cada canción tiene su aura propia, y que dicha aura te hechiza con un poder que pocos dominan. Es sin duda un álbum espeso pero que ha ganado con las escuchas.

Ahora, si saliese a la calle, me encontrase con un fan de Epica que todavía no hubiese escuchado el nuevo disco y le comentase que este no trae una introducción épica, probablemente el o la pobre comenzaría a sufrir terrible convulsiones hasta quedar agazapado/a como un trapo mojado, tal es la importancia de una buena intro orquestal en este tipo de trabajos. “Eidola”, si bien no llega a superar a mis preferidas, las apasionantes “Karma” y “Originem”, no se queda atrás, ni mucho menos. La orquesta encargada de grabar con la banda abre con un diez sobre cinco, si mis matemáticas no me fallan. Igualmente, los coros nos demuestran lo que tenemos por delante. Y sí, habrá muchos coros, claro.

Como es de mala educación hacer esperar a la gente, el segundo track, “Edge of the Blade”, ya es el single, con su consabido vídeo que en este caso nos trae un bonito espectáculo de luces y sombras explotando el claroscuro estilo de Caravaggio, pero nada particularmente especial a parte de ver a Simone de nuevo. Lo sé, solo eso ya justifica todo el vídeo. El tema apuesta por unas melodías increíblemente pegadizas, sobretodo en el estribillo, y caña parda, que ve su culmen en el puente hacia el último estribillo, con los melódicos guturales de Jansen despuntando. Desde luego sirve de maravilla al propósito de abrir el álbum con energía.

A Phantasmic Parade” nos lleva por terrenos sinuosos hasta una pieza brillante llena de detalles y trabajada al máximo, con la orquesta brillando donde debe y complementando las guitarras pero no acaparando. Los coros ayudan a Simone en el estribillo, aún sabiendo que no necesita ser ayudada, pues brilla con luz propia suficiente para iluminar dos ciudades –si buscáis “laudatorio” en el diccionario encontraréis esto–, y es que en este álbum es donde más fuerza y mejor utilizados parecen estar, pues no manchan en ningún momento las composiciones, sino que han sido compuestos porque debían estar ahí. Sí o sí. Yo los llamo “coros sine qua non”. Ya me callo. Si no fijaos en “Universal Death Squad”, donde son los coros los que abren las líneas vocales que remata Simone. Comienza con una magnífica y bellísima introducción de cuerdas y explota en un momento con la batería y los riffs a todo trapo marcando tendencia para construir la melodía sobre ellos. Jansen también sabe rematar a los coros, ojo, como siempre en el momento más cañero del tema. Tenemos aquí el primer solo del álbum, bastante genérico, que no destaca mucho en comparación con las moles que se han levantado a su alrededor.

El siguiente “Divide and Conquer” es un buen tema, con un comienzo orquestal muy hollywoodiense y una buena mezcla entre caña y melodía, donde la voz dominante es la de Jensen, saliendo al ruedo Simone en momentos puntuales y durante un estribillo bastante pop. En definitiva, para mí se queda un poco floja frente a su compañero de batalla, “Beyond the Matrix”, una exhibición explosiva llena de melodías espectaculares, una base rítmica colosal con un bajo muy trabajado y unas líneas vocales grandiosas y coloristas. Ah, y extrañamente es el coro el encargado de cantar el estribillo. Ah, y aquí sí aciertan con un solo perfecto. Ah, y… eso, que tenemos candidata a mejor canción.

Simone se decide a deslumbrar esta vez con su voz operística en “Once Upon a Nightmare”, y es que a lo largo de su discografía nos ha mostrado su gran variedad de rango vocal, como podemos comprobar aquí. Una balada para nada al uso, cuya duración –aunque se pase volando– la convierte en una de las canciones más largas del álbum. La orquesta y un piano liviano reminiscente del primer movimiento del “Claro de Luna” serán clave para construir una de las mejores baladas de la banda. “The Cosmic Algorithm” nos devuelve una fuerza increíble llevada en gran medida por la batería que ataca tras la corística intro. Todo ello se conjuga a lo largo de la canción con unos riffs afiladísimos y unos golpes de orquesta precisos.

Un inicio de piano con reverb y una atmósfera mística y profunda nos deja con “Ascension – Dream State Armageddon” –premio a mejor título de película de ciencia ficción–, que nos regala uno de los temas más intensos donde vuelven a hacer gala de esa gracia para aunar poderío y elegancia. No negaréis, por ejemplo, la exquisitez de ese crescendo de coros en el estribillo y la sutileza con la que se hilvanan con la voz de Simone. Pero si de algo podíamos quejarnos es de variedad, y tampoco. Ahí tenemos “Dancing in a Hurricane”, de influencias musicales del medio oriente a lo Orphaned Land y plagado de momentos como el espectacular estribillo en el que la batería baila y cambia tan voluble como el huracán que representa.

Me duele, pero vamos con la parte final. “Tear Down Your Walls” es el cartucho más agresivo en el cargador, y es buena idea dispararlo como antesala a la canción final. Ahora volvamos a traer a nuestro amigo fan anónimo de la banda que todavía se mantiene en la inopia respecto a este disco. Comentémosle que no hay una canción final de épica de diez minutos. Si ha conseguido sobrevivir a la broma pesada de antes, esto ya será un clavo demasiado pesado en su ataúd. Nah, pero seguro que no pica. Sino que lo compruebe escuchando “The Holographic Principle – A Profound Understanding of Reality” –premio a peor título de ciencia ficción… lo comido por lo servido–. Unos coros en latín abren lo que parece un camino largo y con suficientes curvas como para tenernos contentos sin preocuparnos por el final. Como esperábamos, los cambios de ritmos, la intensidad guitarrera y los duetos entre Simone y Mark no se hacen de rogar.

Intenso, ¿sí? ¿Cómo imaginar que tras esa fantástica portada se encontraría semejante álbum? No, lo he expresado mal. Otra vez. ¿Cómo dudar de que tras esa fantástica portada nos encontraríamos semejante álbum? Pues claro, si es que nunca fallan. He de decir que en esta ocasiones quedé un poco frío en la primera escucha, pues me había parecido una continuación del anterior, pero tras unas escuchas más atentas, no he de darles sino un buen lametón en la nuca de agradecimiento. Mis ladridos de satisfacción han dejado sordo al vecindario. Me han dejado tan conmocionado que ha tenido que seguir escribiendo el perro.

Ahora en serio, guau, de continuación nada. Bueno, sí y no. Digamos que el disco tiene todo lo que ha hecho Epica a lo largo de su recorrido, y lo combinan tan bien que yo diría que han alcanzado el pico de su sonido. Incluyo la producción en la operación, claro. Y por todo me refiero a todo: su mezcla de caña semi black y melodías atrayentes en la proporción exacta, una orquesta y unos coros utilizada con sabiduría –como siempre reales, nada de sintetizadores ni otros artificios–, y por último pero no menos importante –digamos que en un estadio intermedio de importancia– una atención por los detalles pasmosa, cuidando cada canción para crear composiciones fluidas y mágicas. ¿Mantendrán el nivel la próxima vez? A veces me hago unas preguntas más tontas… Podéis ir en paz, que aquí ya está todo dicho.

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