Jardín de la Croix – Circadia

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Tres años después de su último trabajo, los nacionales Jardín de la Croix vuelven al estudio y nos ofrecen el que es el cuarto largo de su discografía. ¿Hype? Al menos en la redacción de Spreading the Sound estaba por las nubes. Desde hace años somos seguidores de la música del cuarteto, una de las propuestas instrumentales más sólidas y de mayor calado en nuestro país. Y llegados a este punto nos encontramos en un momento crucial de la formación… porque tras haber fichado por Aloud Records (algo que me sorprende que haya tardado tanto en llegar) este debe de ser el álbum con el que se confirmen como una banda internacional y den el salto que requiere su carrera.

Si hay algo que ha caracterizado la evolución del sonido de Jardín de la Croix ha sido la progresiva concreción de sus ideas. Que son una banda con algo que decir es un hecho desde “Pormeroy”, y aún más evidente en “Ocean Cosmonauts”, pero estos discos tenían un punto débil: buenas ideas, pero muy difusas. Faltaba un enfoque claro que te diera la sensación de estar escuchando temas redondos en lugar de un caos en el que era fácil perderse. Esto no quita la calidad general ni el hecho de que hubiera excepciones como “Blacksnout Seasnail”, “Vostok” o “Japanese Rockets”, verdaderos temazos. Además, estos días he estado reescuchando “Ocean Cosmonauts”, y la mayor perspectiva con la que cuento ahora me ha llevado a una conclusión clara: The Dillinger Escape Plan como claros referentes. Muchos de sus cambios y acordes llevan su clara seña de identidad.

Estos dos trabajos servían como la promesa de algo brillante que estaba por llegar… la cual no tardó en llegar en la forma de “187 Steps to Cross the Universe”. Cuatro temas, apenas 32 minutos, parecía más en EP que un álbum. Pero era justo lo que la música de Jardín pedía a gritos, síntesis, concentrar las ideas. Y encima nos lo envuelven en la mejor de sus producciones hasta ese momento y dando un salto compositivo y técnico, lo cual queda plasmado en el inmejorable sentido de la melodía de “Colorado Springs” o lo ambicioso del desarrollo de “Talking With Planets”, dos de mis cortes favoritos de su discografía.

Viendo la continua superación de sus trabajos, “Circadia” es un trabajo que obviamente conllevaba altas expectativas, y supongo que una cierta sensación de responsabilidad por parte de la banda. De estar a la altura de lo que el momento exige. La verdad es que previamente a desgranar los temas ya puedo adelantaros que Jardin de la Croix han estado sobradamente a la altura. Han cogido los elementos que caracterizan su fórmula y los han llevado al extremo, han expandido su capacidad técnica a un nuevo nivel, y han incorporado nuevos elementos que van desde un ligero meshuggeo en un tema a contar con teclado o incluso arreglos electrónicos en algún momento, dándole un toque muy refrescante al álbum. Tras mis primeras escuchas lo único que podía pensar era: ¿Cómo pueden darme tal sobredosis de información, y que al acabar el cuerpo me pida volverlo a escuchar?

La primera impresión que os va a causar el disco es obvia. Tapping, tapping y más tapping, notas volando por todas partes. ¿Y no es maravilloso? Ese fue el elemento que me llamó más la atención cuando descubrí a Jardín, y si lo hacen con un objetivo tan definido como en este álbum, se vuelve una experiencia mágica. Como se compagina en “Seventeen Years to Hatch an Invasion” con la energía de las guitarras post-rockeras, que te golpean respaldadas por una base rítmica que no da ni un segundo de descanso. El disco en sí mismo tiene contados momentos de respiro, requiere toda tu atención para poder desgranar cada pequeño detalle, cada riff, o los matices que da el bajo, que como suena. Pero es precisamente en esos momentos en que las canciones respiran cuando la banda demuestra la carga emocional que pueden darle a las melodías entre tanto artificio.

Reversion” empieza de forma menos frenética, mostrándonos su vertiente de math más evocadora con sus punteos saltarines, con unas melodías perfectas justo antes de volver a desatarse técnicamente en el momento perfecto. Y eso solo la mitad primera del tema, que en los casi ocho minutos que dura tienen espacio para decir mucho más. El bajo encuentra su hueco entre guitarras evocadoras y riffs marca de la casa, mientras la batería continúa su incansable trabajo. La reaparición de los punteos rápidos cargados de delay al final y las delicadas notas de piano era necesaria, llevando a un cierre inmejorable.

En este punto pensaras que se te ha rayado el reproductor y ha empezado a sonar el “Obzen”, pero cuando el tapping aparece y te hace volar te das cuenta de que no, no está sonando Meshuggah. Primer adelanto y un verdadero viaje sonoro, “Intermareals” es ambicioso e innovador, es en uno de los que más se salen de su zona de confort. Y si, en el 2:34 parece que este sonando “Bleed” pero no. Menuda sorpresa más grata encontrarse un riff de este tipo ejecutado por Jardín. El inicio de “Green Architect” es de mis momentos favoritos de “Circadia”. Muy sobrio, muy elegante y muy emotivo, con un tapping lento que se repite en bucle mientras a su alrededor el resto de la instrumentación va a haciendo crecer y caminar el tema. Y la combinación guitarras post-rockeras, teclado y batería frenética me parece sin duda una apuesta ganadora. La sección de piano solista me dejó un poco descolocado de primeras, pero al final creo que funciona bastante bien dentro del tema.

Trail from Alaska” es la más breve y directa, reteniendo en su desarrollo parte del espíritu de “Green Architect”. La guitarra inicial resulta cautivadora, igual que la sugerente línea de bajo. El tema más evocador del álbum, pero no por ello falto de intensidad. Y lo de “Flowers and Carrion” es una barbaridad. Es en la intro de piano cuando suenan los anteriormente citados arreglos electrónicos, contribuyendo a la sensación general de que algo grande y diferente está entre manos. Pues Jardín de la Croix han trascendido su sonido, llevándolo a un punto en el que math-rock, post-rock y rock progresivo se entremezclan y difuminan, y las etiquetas dejan de ser realmente útiles para describirles. Porque han alcanzado un nivel de madurez en el que su sonido es fácilmente identificable. Y con el mejor trabajo de su discografía publicado y el mundo esperándoles, solo les queda ir a reclamar lo que es suyo.

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