Insomnium – Winter’s Gate

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Ya he hablado en anteriores ocasiones de lo peligrosas que pueden ser las expectativas a la hora de afrontar un disco. Esperar demasiado de un nuevo trabajo tiende a distorsionar la percepción que se tiene al escucharlo, reduciendo el impacto de las sensaciones que nos va a provocar al acercarnos a él. Pero, por otro lado, las bajas expectativas o la ausencia de ellas tienen el efecto contrario. Y esto último es lo que he sufrido al degustar el último esfuerzo de los fineses Insomnium. En principio lo lógico es que hubiera tenido el hype disparado ante la publicación de su último disco tras habernos otorgado una colección de himnos bajo el nombre de “Shadows of the Dying Sun” en 2014. Sin embargo, las noticias que leí sobre “Winter’s Gate” en verano me dejaron ligeramente descolocado.

Que el disco fuera a ser una única canción dividida en siete partes no sabía cómo tomármelo. Es algo que de por sí me parece atractivo e interesante, pero no estaba seguro de que Insomnium fuera la banda adecuada para abrazar este formato. Que fuera a ser un álbum conceptual contando con un libro original en el que se narrara la historia me parecía tentador… pero todo empezaba a tomar unos tintes excesivamente épicos y no sabía hasta qué punto esto favorecería su sonido. Su anterior trabajo se caracterizaba por los estribillos coreables y épicos y las melodías memorables, pero esto tenía pinta de que iba a suponer forzar la maquinaria.

Qué gusto descubrir tras decidirme definitivamente a escucharlo que no podía haber estado más equivocado. Sí, “Winter’s Gate” es con diferencia el álbum más épico que he escuchado de Insomnium, y también de los que he escuchado este año. Pero han sabido reflejar esas sensaciones a través de melodías emotivas, una producción y ejecución brillantes, y por qué no decirlo, mucha elegancia. Porque han sabido plasmar el concepto sin caer en los clichés más manidos del death metal de temática vikinga o medieval, han mantenido su característica atmósfera melancólica y han sabido conjugar los más amplios espectros de su sonido, desde toques folk y piano a guitarras black metaleras pasando por toques progresivos.

 “Winter’s Gate, Pt. 1” comienza con una introspectiva melodía que te prepara el cuerpo para el viaje en el que estás a punto de embarcarte. Una batería que es una apisonadora y guitarras afiladas pero muy agradables al oído (en serio, una producción perfecta). Riffs de death melódico de manual y esos guturales graves y cavernosos que tanto me gustan, menuda voz se gasta Niilo Sevänen. Hay un adjetivo que vais a acabar cansados de leer en esta reseña pero es que si todo es tan ÉPICO se dice y ya está. Qué punteos, qué líneas vocales y qué sección rítmica, todo al servicio de una historia que desconozco pero que he sentido como propia cada vez que he reproducido el disco.

Sin que te des cuenta estás metido en medio de la segunda parte, fluye tan bien todo que apenas aprecias los cambios de tracklist. Presta atención a los ambientes y coros en segundo plano, escondidos pero fundamentales para las vibraciones que transmite el disco. Los pasajes con voces melódicas contribuyen al espíritu del álbum, que realmente te da la sensación de plasmar algo que merece ser contado. La tercera parte es de mis favoritas, la más sugerente y progresiva. Por un momento dejan el death de lado para abrazar un ritmo más pausado y sinuoso, Niilo arrastrando sutilmente su voz antes de liberar a la bestia, y un juego con la intensidad en las distintas partes del tema realmente soberbio.

Winter’s Gate, Pt. 4” es otra de mis favoritas. Ese comienzo con la acústica, esas armonías vocales con notas puntuales de piano y cómo acaba desembocando en una sucesión de riffs y que terminan en un solo muy logrado. El piano de los últimos segundos conecta con “Winter’s Gate, Pt. 5”, la más calmada de las siete, ofreciéndonos la cara más sentida del álbum ahora que el final se percibe próximo. La sexta parte mantiene en la primera mitad el ritmo más sosegado para poco a poco ir dando rienda suelta a la intensidad que les caracteriza a base de doble pedal, volviendo a cambiar más adelante regalándonos un catártico final con una guitarra solista que sabe exactamente qué requiere el momento para conectar con el oyente.

El último corte recupera al principio la esencia de la primera parte, cerrando el círculo y poniendo punto final a “Winter’s Song” con unas minimalistas guitarras acústicas, piano, voz susurrada y unas delicadas melodías ambientales. Ya me preocuparé de leer más adelante sobre la historia que han escrito, pero sin saber nada sobre ella, me he sentido parte de la emoción que Insomnium han sabido imprimirle al disco. Y sin duda eso no puede hablar mejor de la música de los fineses.

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