Aisles – Hawaii

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Aisles. “Hawaii“. Tremendo. Si queréis llegar al fondo y descubrir la relación que estas tres palabras han cobrado en mi mente, quedaos por aquí un rato y leed esto. Si no, ahí tenéis la puerta. Que no, en serio, quedaos igualmente. Escuché el anterior álbum de los chilenos Aisles, “4:45 AM”, hace un tiempo, y a una hora algo más decente, y este me dejó muy buenas impresiones. Por supuesto le he dado un repasito para refrescar las sensaciones y estas no han variado un ápice: un sonido fresco y sólido de cabo a rabo. Si bien, la cosa ha cambiado un poco respecto a este nuevo trabajo.

En esta ocasión no contamos con un álbum tan inmediato como lo fue 4:45, sino más maduro, más progresivo, tanto en términos de estructura como de experimentación, más variado y con una historia muy interesante. Pero sobretodo interconectado, tanto el concepto como la música, todo muestra una idea completamente hilada que podríamos haber tomado como una canción de ochenta minutos. Durante sus dos partes nos transporta al planeta rojo, el de los marcianos, donde nosotros –los terrícolas, por si había duda de nuestra procedencia–, vivimos  y crecemos con poco o nada que nos recuerde a nuestro planeta madre. El club Hawaii –llamado así en honor al vinilo homónimo salvado de los restos del apocalipsis– es una de las excepciones, donde la música nunca olvida, donde la música hace recordar momentos perdidos, tiempos casi olvidados o quizá nunca vividos. El espíritu recuperado de los despojos de un planeta muerto y abandonado. Conmovedor, lo sé.

Como siempre digo, todo comienza por el principio, así que vamos al principio, que es  “The Poet Part I – Dusk”. Se nota que estos chicos han venido a por todas. ¿Y cómo se nota? Pues nada más y nada menos que metiéndote un tema de diez minutos de buenas a primeras. Nada de introducciones pomposas, una suite como Dios manda, que llevarle la contraria a Dios está muy feo. El trágico poema de aquel hombre anónimo de la era pre-espacial evidencia el declive del arte y la cultura en la Tierra, y condicionará el carácter trágico que nos acompañará durante muchos momentos del álbum. Una ventaja de encontrarnos con este tema es que nos resume muy bien lo que nos vamos a encontrar en el resto del disco: un prog-rock con partes de gran complejidad junto a momentos muy melódicos más propio del neo-prog de alto calibre. Y todo ello nos lo traen las guitarras de Germán Vergara y Rodrigo Sepúlveda, aderezadas con la carismática voz de Sebastián Vergara, el piano y los teclados de Pablo Gaete, que ayudarán a añadir colores y sombras durante todo el álbum, y la base rítmica de Daniel Baird-Kerr al bajo y Felipe Candia a la batería.

El tema está claramente dividido en dos partes bien diferenciadas, ambas concentradas a trabajar unas pocas melodías desde distintos ángulos y con varios matices. La primera parte es más comedida e hipnótica, con un comienzo fabuloso con riffs de cortes jazz-rock, y la segunda más agreste e intempestiva donde guitarra y base rítmica juegan un papel más importante. Lo completa la segunda parte, “The Poet Part II – New World”, que comienza con una melancólica atmósfera en la que Sebastián repite la melodía vocal del primer tema con un toque nostálgico, añadiéndose una acústica y subiendo en intensidad progresivamente. Un simple añadido a la anterior canción que le da un remate más taciturno al ambiente y que nos da algo más de contexto al contarnos los comienzos de la colonización de Marte.

Year Zero” nos trae una de las múltiples sorpresas del compacto. Y no es el salto temporal –cada canción es un salto, pequeño o grande, hacia el pasado o el futuro– que obviamente nos traslada de vuelta al primer año tras el abandono de la Tierra. La sorpresa es la base electrónica –llamémoslo electro-prog que suena muy bien– que sorprendentemente consigue continuar con la tónica elegante dándole aires futuristas y da juego a que se vaya expandiendo el ambiente introspectivo y finalmente a introducir una melodía mágica de piano de apenas unos pocos acordes, pero tan bien elegidos que dan gusto. Continuará el piano con apasionantes resultados en el single “Upside Down”. Un trabajo muy emotivo por parte de Gaete a las teclas, sí señor. Esta sigue con la atmósfera de luz taciturna, añadiendo un pegadizo estribillo y una segunda parte con un trabajo instrumental soberbio en el que la guitarra se lleva el premio gordo en el solo.

CH – 7” nos regala una suerte de interludio, esta vez con lo que parece ser una base de… ¿maquinaria industrial?, sobre la que se desliza un bello pasaje acústico donde domina la complejidad y delicadeza de las líneas vocales, creando una atmósfera relajante y apagada, metiendo incluso algún que otro sonido hawaiano, pero pronto evoluciona y aumenta su complejidad. La segunda parte cuenta con una base de sonido sintético alegre que le va de mil maravillas al conjunto y soporta junto a la base rítmica las virguerías de la guitarra hasta llegar a un final frenético que contrasta en extremo con lo que hemos escuchado en el resto del tema.

El CD 2 comienza con una vuelta a la calma en “Terra”, donde la guitarra acústica se encarga de arpegiarnos unas notas profundas rematadas por la voz y algún pequeño retazo de la eléctrica. El único pero es que se haga un poco larga, al menos hasta que llega la conclusión, a modo de epopéyico pasaje coral, donde el canon y la polifonía redondean e dan una inauguración de altura a la segunda parte de esta aventura. El arranque de “Pale Blue Dot” es el equivalente a estar flotando en el espacio contemplando el vacío estelar. La voz, la guitarra, el sintetizador, todo va encaminado a conmovernos. A estas alturas ya nos habremos dado cuenta, quizá inconscientemente, de que este álbum esta hecho nota por nota para transmitirnos sensaciones, emociones. Sigue con pasajes más animados pero igualmente fascinantes con un enfoque más melódico y orbitando sobre la misma idea.

Still Alive” sigue con la onda melancólica, aunque no busca impresionar en ningún momento y no consigue despegar, centrándose sobre todo en la línea vocal con un acompañamiento instrumental bastante sobrio, al igual que “Nostalgia”, que pese a usar un recurso tan original como el tarareo acaba siendo algo repetitiva en su corta duración, pero podríamos considerarlo un simple interludio. “Club Hawaii” tiene una intro con diálogo y algunos momentos de narración que funcionan muy bien en este tipo de trabajos conceptuales, de hecho podrían haberlo usado en alguna otra canción. Los ritmos frenéticos que siguen al diálogo, los distintos registros vocales de Sebastián, la trabajada melodía de guitarra y la evidente experimentación suman y suman a la fórmula, convirtiéndose en una de mis preferidas. Con solo quitarle la fumada del final –una cosa es experimentar y otra ponerse a berrear como un loco– habría sido perfecta.

Falling” es la outro perfecta que todos querríamos para nuestro álbum, ¿acierto? La delicada melodía de piano y voz se entrelazan como una sola entidad, materializando el final melancólico que sabíamos que no nos decepcionaría. De hecho, no es el final, sino que “In the Probe” nos entrega un último ramalazo de desesperante esperanza por recuperar lo que un día perdimos. Una atmósfera oscura acompaña unos últimos versos, relatándonos el viaje que realizan varios colonos en busca de un nuevo planeta en el que poder respirar por sí mismo, recibir quizá la brisa del verano y recibir otra oportunidad. Tiene sentido considerarla una continuación de “Falling”, una outro de la outro, pues si esta relata el comienzo de la búsqueda de un mundo habitable, la anterior nos pone en la piel de alguien –posiblemente uno de los que partieron– contemplando la eternidad, muchos miles de años después en el futuro. De verdad que el apartado lírico te llega al alma sin esfuerzo.

“Hawaii” ha logrado trascender la barrera de lo bueno y convertirse en un álbum… ¿más que bueno? Un álbum excelente, eso quería decir. La verdad es que se me ha hecho muy fácil de escuchar pese a su aparente complejidad –salvo el escollo de tener que cambiar de CD mientras conduzco… pero tranquilos, no me han multado–, único, con un concepto, unas melodías y un sonido muy fresco y logrado y que será difícil de superar. Difícil no significa imposible, claro, y estaremos atentos a lo que nos traiga Aisles en el futuro.

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