Meshuggah – The Violent Sleep of Reason, cuando la perfección muestra los dientes

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Cada vez que Meshuggah saca nuevo disco, acudo raudo y veloz a escuchar la nueva propuesta de estos genios escandinavos dedicados en cuerpo y alma a hacer explotar nuestras cabezas y romper nuestros cuellos con sus demenciales riffs de guitarra y sus ritmos imposibles de batería.

Octavo disco de estudio de los suecos, más Meshuggah que nunca, y esta vez con novedades, dispuestos a dar otra vuelta de tuerca en su dilatada carrera sin perder un ápice de la originalidad ni la contundencia que les caracteriza. La principal novedad que nos encontramos con “The Violent Sleep of Reason” es su sonido, la banda quiere huir del sonido perfecto, matemático, frío y que a veces puede resultar hasta  artificial de sus guitarras, algo tan característico de sus dos anteriores trabajos, “Obzen” y “Koloss”. Y para evitar esto han cambiado el proceso de grabación de esas impresionantes guitarras de incontables cuerdas afinadas en “averno”, grabando “en vivo”, al estilo más tradicional, amplificador, micrófono y las expertas y virtuosas manos de los miembros de la banda.

La pregunta inmediata es evidente: ¿Se nota? La respuesta es clara y contundente: Si.

Para empezar con la reseña, nos vamos directos al primer corte del disco, “Clockworks”, y caramba, no se puede empezar mejor un disco, Thomas Haake nos vuelve a romper los esquemas establecidos por los baterías del género y nos propone un ejercicio infernal para tratar de entender los compases y ritmos de las complejas estructuras de sus composiciones, abusando salvajemente de la caja y de toda su gama de platos, nos aplasta con un tema absolutamente devastador con un estribillo (si se me permite usar ese término en canciones de esta banda) de lo más épico creado hasta la fecha por este grupo y último single en aparecer antes de publicarse el LP.

El disco nos da una tregua con “Born in dissonance”  y “MonstroCity” un par de “baladas” que nos dan paso a una locura matemática llamada “By the Ton“, un puzzle imposible de resolver para los simples mortales y donde más se aprecia el cambio en el “nuevo” sonido de las guitarras y bajo, sonido cálido para melodías procesadas de forma fría y calculada.

Llega el turno de la canción que da título al disco “The Violent Sleep of Reason” inspirado, según plabras de Thomas Haake, en el grabado de Francisco Goya “El sueño de la razón produce monstruos” y que tanto en la portada del disco, obra del inquietante Keerych Luminokaya, digno sucesor de H.R. Giger, como en el tema en cuestión consiguen que proyectemos en nuestra imaginación un inmenso monstruo que se alimenta de sufrimiento dolor y muerte.

Continuando con el corte número 6 y pasando el ecuador del disco, nos encontramos con “Ivory Tower” otro magnífico ejercicio de guitarras, donde Thordendal, Hagström y Lövgren, sección de cuerdas de la banda, se divierten jugando con subidas y bajadas de escalas consiguiendo uno de los temas más atractivos del LP sumado por supuesto al correspondiente solo tan característicos e irreal de Thordendal.

Llegamos a la recta final del disco, y tras otro gran tema como”Stifled“con un final sorprendente y nada propio de la banda (siento el spoiler) que enlaza con el siguiente tema y el que fue primer adelante del nuevo disco, “Nostrum” donde nos vuelven a dejar otra canción en la que intentar entender los ritmos de batería y los imprevisibles melodías de guitarra y bajo nos puede producir un serio daño neuronal, sin duda otro de mis temas favoritos del disco.

Finalizamos el disco con “Our Rage Won’t Die” y “Into Decay“, diez minutos repartidos entre estos dos temas en los que, en especial el último corte, nos deja con ganas de más Meshuggah, magnífico tema de los que nos gusta llamar “pesados” dejando eternas notas colgadas al aire, de ritmos lentos y obsesivos, muy diferente al resto de temas y que pone punto y final a un excelente álbum, donde Meshuggah nos vuelven a demostrar que su estado de forma es magnífico y que encabezan esa larga lista de grupos del género, patente quedó el pasado 29 de noviembre en La Riviera, donde nos deleitaron con un concierto demoledor, con un derroche de entrega y energía totalmente necesaria y justificada para poder interpretar semejante barbaridad de canciones.

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