Crónica: Antimatter + Kabbalah + Cabalgata Cósmica, Magazine Club, Valencia, 1/5/2017

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Fotografía de Pablo Fernández Serrano

Si me hubieran preguntado  a principios de año donde me visualizaba el 1 de mayo, probablemente mi respuesta hubiera tenido connotaciones políticas o laborales. Pero desde luego mi contestación no hubiera incluido estar viendo Antimatter en Valencia. Pero el destino es así, y de las pocas fechas que integraban la reciente gira por España (con una primera parada en Francia), los valencianos tuvimos la suerte de que decidieran visitar nuestra ciudad. Y es que conciertos así hay que celebrarlos, pues caen por cuentagotas.

El emplazamiento para el evento fue la sala Magazine Club, en la cual todavía no había estado, pero los comentarios que me hicieron varios amigos sobre la misma me crearon pocas esperanzas sobre la calidad de sonido que nos esperaba. Además de los ingleses el cartel lo completaban los locales Cabalgata Cósmica y el trío de Pamplona Kabbalah, siendo esta última banda la que les había acompañado en el resto de fechas. Si tenéis curiosidad la semana pasada pudimos realizar una breve entrevista a Mick Moss con motivo de su visita a Valencia que podéis leer aquí.

Llegamos a la sala un poco tarde, lo que provocó que nos perdiéramos los primeros minutos de Cabalgata Cósmica. En el repertorio del trío nos encontramos con un rock psicodélico de tintes setenteros, con riffs cercanos al stoner y punteos basados en el uso del pedal wah, batería contundente y un bajo lleno de gusto. La voz no pasó de ser un eco lejano, consecuencia tanto del estilo del grupo como de lo nefasto que fue el sonido en todo su set: la guitarra sonaba muy sucia y la voz era apenas audible, con una falta de definición general, sonando a bola y perjudicando bastante la sensación que nos llevamos del concierto.

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Fotografía de Pablo Fernández Serrano

En el caso de las pamplonesas Kabbalah la sensación ya fue otra, sonando bastante mejor desde el primer momento. Las de Navarra practicaban un rock oscuro heredero directo de Black Sabbath y bandas similares de los años setenta, logrando un efecto hipnótico en sus riffs arrastrados y melodías vocales que se repartían especialmente entre Carmen y Marga, a la batería y el bajo respectivamente. Para lo poco que me suele enganchar de normal el stoner tan clásico debo decir que me gustó su estilo, lo hacían bien, resultando en una propuesta interesante para amenizar la velada hasta que subieran Antimatter al escenario. A la guitarrista sin embargo la suerte no le favoreció, teniendo problemas con algún cable en la pedalera que al final consiguieron solucionar y terminaron dejándonos un buen sabor de boca.

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Fotografía de Pablo Fernández Serrano

En 2014 ya vi en directo a Antimatter abriendo la primera edición del Be Prog, pero las circunstancias eran bastante diferentes. Además de ser al aire libre, no habían sacado todavía su último disco y vinieron en formato cuarteto. En esta ocasión giraban presentando “The Judas Table”, publicado en 2015, girando en formato eléctrico pero siendo solo tres, con un batería distinto y encargándose Mick Moss del bajo además de su reconocible labor al micrófono. Aunque esto conllevó que tuvieran que disparar desde un ordenador para rellenar la ausencia de instrumentos y que los temas pudieran funcionar como en el álbum, apenas se notó en un directo con los tres músicos muy compenetrados y clavando sus respectivas partes.

El setlist fue variado, dando más peso a “The Judas Table” pero sin olvidar sus anteriores trabajos de estudio, tocando temas de todos sus discos salvo “Lights Out”. Dos de mis momentos favoritos de la noche fueron extraídos del “Saviour”: “The Last Laugh”, una joya de tema que ya interpretaron en 2014 y que disfruté más si cabe en el ambiente íntimo de la sala, con su sencilla percusión, sintetizadores embelleciendo y, sobre todo, las poderosas líneas vocales; el otro sería cuando tocaron “Over Your Shoulder”, me bastó el sencillo ritmo inicial para reconocerla. Tiene  un estribillo sensacional que Mick Moss bordó mientras tocaba las deliciosas líneas de bajo originales de Duncan Patterson. “Stay by the fire, sip from your water, lie in position, the winds blowing colder. All these conditions will keep you from dying as long as you’re looking over your shoulder”.

Paranova” o “Monochrome” supusieron otro de los highlights del concierto. Aunque en la segunda comentaba que se pasaban disparando teclados no le quita mérito a la interpretación, que disfruté como un niño. Aunque faltó “Redemption”, “Another Face in a Window” y el tema homónimo representaron el “Leaving Eden” con éxito, especialmente la segunda, uno de los cortes clásicos de su discografía que demuestra lo efectiva que puede ser una composición sencilla, con esa atmósfera de melancolía y esos punteos evocadores tan característicos de su sonido.

El problema de su concierto estuvo fuera de su control, ya que era la calidad del sonido de la sala. Al ser un grupo con un estilo generalmente tranquilo y poco ruidoso, pudimos disfrutar y escuchar de la mayoría de los detalles. Pero el problema venía sobre todo en los estribillos, cuando tienden a usar guitarras distorsionadas, la cual sonaba a un volumen excesivo y con una definición nula. Por suerte bajo y batería sonaron bien en general, y la voz a pesar de quedarse un poco baja en algunos momentos, no fue un inconveniente importante.

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Fotografía de Pablo Fernández Serrano

Una de las sorpresas me la llevé cuando tocaron un tema del que reconocía las líneas vocales pero no la ubicaba instrumentalmente: una versión eléctrica de “A Portrait of the Young Man as an Artist”, interesante pero que no pude disfrutar del todo por culpa de la bola de sonido. Respecto al material más reciente, interpretaron su versión del clásico de Pink Floyd “Welcome to the Machine”, y le dieron un repaso en condiciones a “The Judas Table”, disco que no se encuentra entre mis favoritos de su discografía, pero pude reconocer la calidad de sus temas en vivo. Destacable lo efectivas que resultaron “Killers”, “Can of Worms” con su poderoso estribillo, y la memorable “Stillborn Empires”, que fue la encargada de cerrar el concierto.

Antimatter es una banda con mucho potencial como para tocar en una sala pequeña para apenas cincuenta personas, pero quedémonos con lo positivo, que fue poder escucharles en un ambiente tan íntimo. Mick Moss demostró al micrófono que sabe explotar el potencial de su voz ahora mejor que nunca, el guitarra que sabe jugar con sus recursos a la perfección, y el batería lograba que los temas caminaran solos derrochando en el proceso buen gusto. Una gran noche sin duda.

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