Marillion – Evolución y revolución

noticia_marillion

Cuenta la leyenda que J. R. Tolkien ha influido a tantas bandas como estrellas hay en el cielo. Desde luego yo no me jugaría la mano a que la leyenda fuese falsa, pero quizá sí a que fuese cierta. Bueno la mano no, que la uso mucho. Ya me entendéis, para escribir y tal. Recapitulando, hoy toca hablar de Marillion, banda que comenzó en el resurgimiento del prog-rock en los 80, o sea, el neo-prog, que suena a ideología fascista, pero siempre dicen que buscar un buen nombre es muy difícil. Pues eso, que los tendremos en el Be Prog! My Friend, señores. Ah, ahora voy con lo de Tolkien: cogemos un hacha, damos un golpe seco al Silmarillion, y ala, ya tenemos a Marillion. Spreading the Sound patrocina esta divertida anécdota.

Lo primero es ser sincero: no había escuchado nada de la época Hogarth al micrófono, o sea, que básicamente controlo los cuatro primeros discos. Pero que no cunda el desánimo, pues aprender es nuestro pan de cada día, y yo he estado aprendiendo. Nunca cambiaría, quizá por ser los primeros que escuché, los primeros discos con Fish, pero la verdad es que la banda supo relajarse, reposar la fama, rehacerse en cuerpo y alma y evolucionar con buenos resultados. Pero no empecemos la casa por el tejado.

Su primer LP, “Script for a Jester’s Tears” (1983) –mi favorito de siempre (y lo siento mucho por el “Misplaced Childhood”)–, ya pegó fuerte, pese a conseguir que la crítica les colgara el sambenito de Genesis 2.0 –los de Peter Gabriel, claro está–. A ver, sí tenían su punto Genesis, por ejemplo con ese carácter tan teatral de Fish, pero si nos ponemos a sacar influencias de la banda nos podemos ir hasta The Beatles, así que ya dejémoslo estar, el caso es que cada disco es único y punto. “Fugazi” (1984) le siguió en fama a su antecesor, pero fue “Misplaced Childhood” (1985), con un sonido algo más comercial, el que dio una patada en todo el gong y les desplazó el mismísimo centro de gravedad hasta las nubes.

Fue este el comienzo de la discordia. Es entendible, un patadón semejante y de improviso, quieras que no, es difícil de llevar. “Misplaced Childhood” llevó a una larguísima gira y a una vuelta al estudio para sacar un “Clutching at Straws” (1987) más oscuro e igualmente bueno, pero de cuya composición y posterior gira acabaron todos hartos y con las asperezas y callos sin limar. Así lo podemos leer en la página web de Marillion, en palabras del propio Fish –quien poco después, en el 88, abandonaría el barco y comenzaría su carrera en solitario– aunque todos los miembros de la banda opinaban básicamente lo mismo: “Giramos durante demasiado tiempo… Deberíamos habernos tomado un año de descanso. Yo debería haber hecho mi álbum en solitario mientras el resto se centraba en sus proyectos y podríamos haber vuelto en el 89 con un álbum nuevo y fresco de Marillion”. Pero no fue así.

Aquí comenzó la fase dos de la operación. Steve Hogarth vino, vio y se quedó, y el mal rollo que había ido inflándose anteriormente pareció evaporarse, pues la composición de “Seasons End” (1989) apenas duró unas pocas semanas, aunque ya venían con el trabajo medio hecho. Parece que la cosa funcionó, porque a día de hoy sigue la misma formación de aquel entonces. Desde luego el cambió vocal respecto a Fish fue casi un shock, pues no podían ser estilos más diferentes, pero supieron amoldar las composiciones y no repetir antiguos esquemas.

Siguiendo con el recorrido de la banda, podríamos decir que el verdadero  álbum de Hogarth con la banda sería el siguiente “Holidays in Eden” (1991) –con una calidad asombrosa, y el más popero, por cierto–, ya que en el anterior “Seasons End” ya se habían grabado varias demos con Fish para cuando él llegó, y lo poco que pudo aportar fueron las letras, mucho menos poéticas, pero no se puede tener todo. Como efecto negativo, –¿o positivo quizás?– la popularidad que habían alcanzado se fue evaporando paulatinamente a partir de aquí, sacando “Brave”, disco que recuperó la oscuridad del “Clutching at the Straws”, y rompiendo con su productora EMI tras el fracaso comercial del posterior “Afraid of Sunlights” (1995).

Pero las aguas siguieron fluyendo y la banda mantuvo una base fiel de seguidores en quienes confiaron para financiar muchos de sus lanzamientos posteriores, e incluso la gira de su siguiente álbum “This Strange Engine” (1997) por los Estados Unidos. Fue con el “Anoraknophobia” (2001) cuando comenzaron a apoyar la grabación de sus álbumes mediante la pre-compra de los fans, revolucionando así el mundo de la música al convertirlo en el primer álbum cuya grabación fue posible recaudando fondos a través de Internet. Llegaron a partir de aquí a sacar discos de distintos colores y sabores, tales como el experimental “Marbles” (2004), el vaporoso y psicodélico “Somewhere Else” (2007) o el “Happiness Is The Road” (2008), donde se daban el lujo de experimentar con estilos dispares, tal y como habían hecho ya en el “Anoraknophobia”.

Y así llegamos a día de hoy. Imaginaos que el día de hoy es un año, y que ese año es 2016. Pues este año, aunque el año pasado, han sacado o sacaron –creedme que ni yo mismo me entiendo o entendía– su último disco “FEAR (Fuck Everyone And Run)“. Y a pesar de ese nombre, tan ingenioso como horrendo, este es el mejor que han sacado en estos últimos años, desde mi opinión, claro está, que probablemente sea tan confusa y desacertada como mi discurso. Y tampoco es que los haya reposado mucho tiempo, porque como he dicho hace poco que me he puesto al día con sus últimos trabajos. Vamos a centrarnos pues en este “FEAR”, que es probablemente en el álbum que más se centren en el concierto.

¿Qué podemos encontrar en él? Música. Concretamente sesenta y seis minutos, cada uno de ellos compuesto por sesenta segundos. El primero de esos minutos nos recibe “El Dorado”, en lo que parece que será un arroyo de música ambiental, y navegando por él, la voz de Hogarth, sin ningún tipo de prisa, arrullada por una base rítmica y una guitarra hipnóticas. Nunca dieciséis minutos habían pasado tan inadvertidos… parece que han domado el arte de hacer canciones kilométricas, y ojo al dato, que aún quedan otras dos de similar duración. “Living in Fear” añade un poco más de potencia al conjunto y una melodía algo más memorable, incluyendo un clímax muy “yeah yero”. Escuchadla y lo entenderéis.

En “The Leavers” nos enfrentamos a otra de esas iterativas melodías que va cocinándose a fuego lento, y cuya masa va creciendo, añadiendo nuevos matices a cada momento. Y cuando parece que la canción acaba, pues no, vuelta al principio, y a cocinarse de nuevo, y eso está bien, porque así queda más crujientito. “White Paper” no aporta nada nuevo al conjunto, mismo estilo, el rio tiene sus meandros y su curso sigue, a veces más lento, a veces más rápido, hasta desembocar en la magnánima y melancólica “The New Kings”.

En otro orden de cosas, su recibimiento –al menos en Reino Unido– ha sido el mejor desde aquel lejano “Clutching at the Straws”, así que de algún modo parece que las aguas han vuelto a su cauce. Eso es todo. Tan amplia es la trayectoria de esta banda, tanto por abarcar, que seguro que nos consiguen sorprender el treinta de junio. Por último, procederé a mi párrafo desenlace-estrambótico-antiprofesional.

Final de la reseña, que acaba con buena estrella, pues esta banda entera, tiene mucha solera. Para más información consulte con su farmacéutico. Nos vemos en el Be Prog, y si no vais, nos vemos en espíritu.

Anuncios

One thought on “Marillion – Evolución y revolución

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s