Evadne – A Mother Named Death

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Lejos ha quedado ya el ominoso esplendor del doom metal, que allá por los años 90 erigía sus grandes torres negras de picos góticos y conquistaba Europa con románticos himnos a la desesperación y la oscuridad. Ese sonido, que tanto nos ha dado, hoy no pasa por sus mejores momentos. ¿A que se debe que uno de los estilos con más posibilidades creativas y comerciales dentro del metal extremo esté hoy en día relegado al más profundo olvido? Entre otros, principalmente a dos factores: La ascensión mediática del gothic metal de carácter sinfónico (que poco o nada tiene que ver ya con el gothic metal) y el excesivo peso que han tenido y siguen teniendo los grandes maestros y pioneros del género, imposibilitando en muchos casos que exista un relevo generacional importante. Pero este desolado clima parece estar cambiando poco a poco, bandas como los finlandeses Swallow The Sun o los alemanes Ahab, se están convirtiendo en puntas de lanza realmente influyentes y están dotando de vitalidad una escena que parecía estar diezmada.

Sin embargo, hoy no venimos a hablar de ninguna de ellas, sino de uno de los lanzamientos más importantes de este año, un álbum que acabará convirtiéndose en uno de los pilares del más puro doom/death de nuestro siglo, al igual que la banda madre que lo engendro. Hoy venimos a hablar de “A Mother Named Death”, de los valencianos Evadne.

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Evadne son todo un referente en nuestro país, no muchos grupos pueden presumir de llevar 15 años de trayectoria defendiendo y propagando un estilo minoritario y muy castigado en nuestra península. Con una demo, tres álbumes de larga duración y un EP, han demostrado que es posible mantenerse en el punto de mira y mediante un arduo y constante trabajo ir superándose disco tras disco, manteniendo la esencia pero dando ligeras pinceladas de modernidad y vanguardismo, como es el caso que nos trae hoy aquí: la edición de su reciente “A Mother Named Death”. Grabado y mezclado en los Sp Estudios de Real de Gandía (Valencia) y masterizado en los PKO Studios de Madrid han conseguido sonar enormes, dominando el contraste entre densidad y pulcritud casi a la perfección. Con la elegante y cuidada portada de Xavi Forné (Error! Design) y editado bajo el sello ruso Solitude Productions, al igual que su antecesor. Nos muestran a través de ocho cortes los instintos más básicos del ser humano y que, si me lo permites, me dispongo a desmigar con paciencia en las siguientes líneas, ¿Me acompañas?

“Abode of Distess” es la encargada de abrir el álbum. Un intro espectral da paso a un furioso crescendo que rompe en unas tétricas notas al piano, es ahí cuando entra la desgarradora voz de Albert y retoman la agresividad contenida. Encontramos aquí ya las primeras voces limpias, en fragmentos cortos pero de una gran evocación. Un hermosísimo arpegio de guitarra que se mantiene de fondo durante casi toda la canción abre “Scars that Bleed Again”, que da nombre al segundo videoclip de la banda y una de las canciones que más hará las delicias de los antiguos fans. A las agresivas partes de guitarra y batería se le suma un continuo desarrollo melódico, que se crea a partir de punteos, guitarras dobladas armónicamente y una base orquestal curradísima. Hay un gran trabajo detrás de cada arreglo, y eso se nota. Murmullos y cuervos revoloteando consiguen el ambiente adecuado para una parte final que pone los pelos de punta.

Con “Morningstar Song” viene lo que para mi es el punto álgido del disco sin ninguna duda, y la canción que mejor resume la propuesta que Evadne nos trae. Ese inicio en acústico junto a los fraseos melódicos es de los momentos más disfrutables. Aun así es una de las canciones más agresivas, y es que ese es uno de los puntos fuertes del álbum, sus variados e intensos pasajes, pasando de momentos intimísimos a piano, a embrujantes y larguísimas partes medias con esos sostenutos propios del género. Sorprendente también el épico solo de guitarra y el increíble outro con la hermosísima voz de Ana Carolina (Mourning Sun), donde la música va cayendo en cascada mientras ella se queda sola, únicamente con el lejano punteo de una guitarra. Espectacular, sin duda mi favorita. “Heirs of Sorrow” entra con un espectacular riff super melódico, mientras que el teclado se dedica a tocar únicamente las tónicas, en un ejercicio de expresión increíble. Es posiblemente la canción más melódica del álbum, con ese estribillo en limpio tan emocionante. Con ciertas similitudes a los maestros del melodic doom/death Saturnus o a mis queridos The Fall of Every Seasons, Evadne nos vuelven a recordar que juegan en otra liga, y no para perder.

“Colossal” es una canción que ya nos presentaron en su Ep de 2014 “Dethroned of Light”. Han vuelto a regrabarla para este lanzamiento, dotándola de un mayor dinamismo, con mayor presencia a las voces limpias y dándole otro color a los guturales, más cercanos, más rotos, más naturales, lo que es una constante a lo largo del álbum. Es una de las canciones más tristes de todo el disco, de las que más me transmite, su sencillez es clave para ello, derrocha melancolía en cada acorde. La parte final es, como su propio nombre indica, colosal. A modo de interludio que divide el álbum en dos mitades llega “88:6”, un corte orquestal que dura apenas tres minutos. De una belleza inusitada, sirve de descanso (u agonía) para afrontar en trance la ultima parte que nos queda. Con un blast-beat a medio tiempo la batería cabalga a lomos de un riff puramente black, así se presenta “Black Womb of Light”. Pronto toman las riendas de nuevo y la canción vuelve a descansar sobre las lentas y seguras pisadas del doom. La voz va intercalando algunos open-growls con guturales más oscuros y cerrados en el final del tema, mientras la música se va fundiendo con el sonido de unas campanas funerarias.

Y así llegamos al último corte del álbum. “The Mourn of the Oceans” nos embelesa con el sonido del mar, las olas rompiendo contra un acantilado espumoso para inmediatamente profanar la paz encontrada y devolvernos al lugar en el que debemos estar. De nuevo gritos más propios del black se van intercalando con profundos growls bajo unas apremiantes guitarras. Es la canción más lenta del disco, una mutilación pasiva y angustiosa. Un susurrante y calmado final nos devuelve al mar, donde las gaviotas revolotean ante nuestra sempiterna tumba de sal.

Los cinco años transcurridos desde su anterior trabajo han valido completamente la pena. Se nota el paso del tiempo y la madurez de la banda. Las canciones son mucho más heterogéneas, cada una dotada de una especial trascendencia. Funcionan perfectamente por si solas y todas tienen algo diferenciador, lo que hace que el álbum sea digerible prácticamente a la primera, incluso por los que no son ávidos devoradores del estilo. Teniendo la dinámica como bandera suenan desquiciantes y brutales, apacibles y hermosos, lúgubres y a la vez magnánimos. En conclusión: han conseguido un álbum digno de la más grande élite europea, y los tenemos aquí, en España. Casi nada.

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