Fragile Frames – Broken Brain

BrokenBrainCoverFinal

Estoy harto de hacer reseñas sin sentido. El otro día me paró un hombre en la calle. Tenía un mentón que parecía un castillo, y una cola de caballo tan larga como una cola de caballo. El caso es que me pidió la hora, y yo amablemente le indiqué cómo llegar al supermercado más cercano. Después me encontré con un gato. El hecho de que volara me pareció extraño en un primer momento, pero cuando analicé al telescopio sus alas y ojos compuestos lo vi más lógico. Para acabar mi accidentado paseo, una tormenta de polvo me envolvió por completo, de modo que me puse el pijama y regresé a casa. Y así se me ocurrió la idea de no volver a hacer una reseña sin sentido.

Ese día también iba escuchando Fragile Frames mientras paseaba, lo que puede explicar las alucinaciones puntuales. Además creo que ya me estoy sintiendo un poquito mejor, yo creo que fue la nalga izquierda la que me dio tanto dolor de cabeza. A ver si a partir de aquí podemos sacar algo potable. Fragile Frames es una banda de avant-garde. Stop. Su artífice es Ryan Bell. Post. Fan acérrimo de Igorrr. Spot. Combina electrónica y metal. Tops. Iniciar proyecto ejecución de reseña mínimamente cohesionada. Pots. Remitir resultados al jefazo. Stop.

Creo que Mr. Bell tuvo el mismo viaje espiritual que yo. Cierto día iba caminando hacia atrás por la pared de su casa mientras escuchaba a Igorrr, cuando de repente algún cable se le cruzó por los pies, tropezó y se le ocurrió la brillante idea de montar un espectáculo similar. De modo que buscó todos las librerías de teclados extravagantes en existencia, las guitarras más sucias que pudo crear y una voz sintética tan angelical como una pequeña y preciosa cucaracha, y bingo, aquí tenemos el fruto, Broken Brain (2017), junto a Brian Coley a las guitarras.

Como decían todos los profes de inglés –yo no, que conste, soy más antisistema– todos los trabajos hay que empezarlos con una pregunta, que haga a la gente… pues preguntarse cosas, interesarse por lo que viene a continuación. Y Bell, que parece muy radical pero en el fondo es un conservador, se decidió a empezar su álbum con “The Question”. Sí, he escrito cinco líneas para no decir nada, así es la vida. “The Question” es “La Pregunta” en castellano, por si alguno estaba perdido. ¿La canción cumple su prometido? En efecto, pero más que preguntarnos qué cojones estamos escuchando, lo que hacemos es cuestionar nuestra existencia en los más profundos niveles. ¿Qué hago con mi vida? ¿Qué hay hoy de comer? Si sois de los que les van las cosas experimentales, avant-garde, electrónica o ruidos raros, podéis continuar. El resto obtendréis vuestras respuestas existenciales en el próximo disco de Bustamante, cobardes.

Esmeared ExistanceEl siguiente tema es “Esmeared Existance”, y sí, aquí ya voy a decir algo de la canción. Al fin y al cabo, esto es una reseña de un disco, ¿no? Lo primero que vemos es que aquí también vamos a encontrar metal. ¡Pero si hasta hay growls! Más o menos. El metal se encarga de dar cohesión a al conjunto y la electrónica de despedazarlo todo como un niño maléfico que destruye la torre de lego de su hermanito. Algo terrible, y a la vez fascinante de contemplar. Ah, y también escuchamos una parte de respiro, electrónica más ambiental –fantástica esa parte–, incluso un piano. Si es que lo tenemos todo. “My Sunken Warship” es la analogía de la torre de lego derrumbándose, pero con un barco de guerra. La batería electrónica marca un beat sencillito y allá que vamos, tras el drop la guitarra más guarra del universo acomete a piñón fijo, y los teclados la acompañan dando un contrapunto inimaginablemente absurdo, pero que funciona. Los cambios de ritmo y acordes se sucederán en disonante armonía.

Seguimos con el siguiente tema. Y luego el siguiente, y el siguiente, hasta acabar. “Apotheosis”. Unas cuerdas sintéticas muy malrolleras marcan la melodía por la que discurrirá lo que podríamos definir con el siguiente titular: “Alice Cooper se toma unas pastillas raras que encuentra por el suelo, sufre un derrame cerebral y compone una canción”. La atmósfera y un teclado espeluznante vuelven a tomar presencia en “Third Circle Theory”, la que, a pesar de su coherencia, no se libra de los momentos tecladeros electrónicos “rarunos”. Cuenta también con guitarras potentes para dar ese contrapunto metalero a los momentos más tranquilos. Con sus siete minutos, nos encontramos ante el tema más variado, y extrañamente con más sentido… eso sí, si tu objetivo es memorizar el tema, avísame cuando lo hagas.

“Liberation Restoration” añade un toque demoníaco y un ambiente depresivo con la voz resonante del mismo demonio o de la gran Leticia Sabater, la verdad es que no estoy muy seguro de su procedencia. Cumple con creces junto a una guitarra más sucia que el cuarto de baño de Lucifer –o de Leticia Sabater–, dando luego un vuelco hacia el black metal. Aunque todavía tendréis el tecladito super-cool-casa-del-terror-disney pululando. Y por supuesto, también tenemos la ida de olla, esta vez en la segunda parte del tema con una voz sintetizada a lo clon de Star Wars. O a lo Leticia Sabater.

Ambiente festivo, “payasesco” y “circófilo” –ni se describirlo ni sé si esas palabras existen– en “Mr. Happy Brain” y su introducción con esos sintes tan halagüeños, para luego tornarse en un tema algo más oscuro. Para una banda normal, esto sería una curiosidad, pero en estas circunstancias ni me resulta raro ni me deja mal sabor de boca. La verdad es que es un temazo de cabo a rabo, con contrastes sustanciales entre las partes circenses y la brutalidad de la guitarra y la base rítmica en los momentos más vertiginosos, junto a otras de mayor groove con riffs increíbles. Lo está dando todo y se nota, y solo queda “A Day to Die” para acabar de demostrarlo. Mirad, las cartas ya están echadas, y juega con ellas como le da la gana, ya para que decir más. El sinte vuelve a hacer de las suyas, hay unos coros por ahí de jarana, la voz sintética intenta formar algún tipo de melodía descabellada y el asunto se desmadra en menos que el reloj interno despierta al gallo.

Y punto final. Solo queda decir de Fragile Frames que el jamón serrano es mejor que el jamón dulce. Esto no lo digo yo, sino miles de investigaciones de distintas universidades. El hecho de que el camión de la basura pase a una hora determinada no significa que no puedas bajar la basura cuando te apetezca. Es más, si en esas nos ponemos, no hay relación directa entre el olor de pies y la emigración. Ahora que se va acabando el verano, solo queda esperar el otoño, y ahora que se va acabando la reseña, solo queda escuchar el disco. Fragile Frames os puede encantar o desagradar, pero siempre os quedará Paris. A mí me ha encantado… ¿y vosotros, qué marca de champú preferís?

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