White Moth Black Butterfly – Atone

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Cada vez tengo más claro que Daniel Tompkins es un artista camaleónico y de una gran capacidad creativa. Di con su voz inicialmente por su trabajo junto a TesseracT, pero fue cuando publicó “Guiding Lights” con Skyharbor que caí rendido ante su innegable talento. Desde entonces he ido conectando cada vez más con la música de estas dos bandas hasta conocerme sus discografías al milímetro, teniendo mucho peso en el hecho de que me gusten tanto la voz de Dan y sus fantásticos fraseos vocales. Y ha sido ahora, por motivo del lanzamiento de su segundo álbum de estudio, titulado “Atone“, que por fin me he decidido a sumergirme en el universo musical de White Moth Black Butterfly.

Desligándose por completo del metal y sus influencias más pesadas, Dan demuestra en este proyecto lo diversas que pueden llegar a ser sus inquietudes musicales, y la necesidad que tiene de plasmarlas en sus propias creaciones. Dejando de lado el djent y abrazando el trip-hop, el pop y el minimalismo como senda a seguir, publicó el primer trabajo de White Moth Black Butterfly en 2013. “One Thousand Wings” fue concebido entre él y Keshav Dhar, el cerebro detrás de Skyharbor, con contribuciones puntuales de otros músicos. Lo escuché por primera vez el mes pasado, y pese a que me costó conectar en las primeras reproducciones, he terminado por apreciar la profundidad de sus composiciones conforme ha ido creciendo en mí. Massive Attack se posiciona como máxima influencia en un disco lento y sobrio de trip-hop, con bases electrónicas e instrumentación mínima que deja el peso de las canciones sobre la voz, tanto en cuanto a melodías como texturas. “The World Won’t Sleep” es un buen ejemplo.

Pero para “Atone” el enfoque ha evolucionado, pues la formación se ha ampliado. Randy Slaugh, conocido por su labor realizando arreglos para grupos como Periphery, Devin Townsend o Architects -y que ya colaboró en “Guiding Lights”- se suma a la banda desde Estados Unidos, siendo la angelical voz de Jordan Turner la encargada de cerrar la agrupación. De esta forma White Moth Black Butterfly se consolida como un proyecto multicontinental, donde el eclecticismo y la búsqueda de expresión creativa de las cuatro mentes que lo integran se convierte en el motor principal de unos temas delicados y elegantes.

Algunos detalles de White Moth Black Butterfly parecen girar en torno a la dualidad: el blanco y el negro del nombre, la voz de Dan y Jordan, o en la intensidad que refleja el enfrentamiento de la preciosa portada de “Atone”. Pero esto no es algo que se vea reflejado en la música, pues está no gira en torno a contrastes ni polos opuestos. “Atone” es un disco que nos invita a movernos entre lo real y lo irreal, a apreciar la belleza de lo que nos rodea, y a aceptar que en la fragilidad podemos encontrar nuestras más grandes fortalezas. Esto último es lo que mejor refleja su música. Es un álbum humano y natural, y esto se nota en todos los ámbitos, desde el artwork y vídeos a lo increíblemente orgánico del sonido.

“Atone” parece la banda sonora de un lugar de paz y libertad absoluta, donde no hay límites y todo es posible. Por ello mismo el vídeo de “Tempest” me parece tan apropiado, incluido el baile que tanto me chirriaba: realidad y fantasía se diluyen en un viaje aparentemente espiritual pero que no deja ser tan terrenal como la vida misma. Frente al peso más electrónico de su debut, aquí han optado por jugar con cuerdas de verdad e incluir instrumentos orientales, complementándolo todo unas capas de teclado realmente vivas. En “I: Incarnate” nos arropa la evocadora melancolía mientras que en “Rising Sun” cedemos a la sugerencia instrumental e hipnóticos versos de Jordan y Dan. Se complementan a la perfección las dos voces, Dan con sus originales fraseos y Jordan con su fantástico timbre.

Tempest” no podría ser más contraría a su título, pues es la calma absoluta. Ambientes celestiales que resultan memorables, con una sección de percusión tribal sencilla pero efectiva y un Dan protagonista absoluto del tema. “An Ocean Away” recupera el espíritu trip-hop del anterior álbum pero de una forma más diluida, en una fantástica composición, con esa referencia en la letra a los recuerdos que ya hemos podido encontrar en canciones anteriores de Dan. De mis favoritas del disco. “Symmetry” aboga por el poder de las atmósferas cargadas de misticismo. De igual forma que el tema anterior tiene una estructura de tendencia trip-hop, pero revestida de un sonido y color que lo aleja del género. Sin duda uno de los puntos fuertes de “Atone” es la forma en que han sido capaces de conjugar influencias en un sonido simple, que no parece inventar nada nuevo, pero que suena lleno de frescura y significado.

En “II: Penitence” destacan especialmente los arreglos de cuerda y teclado, creando una atmósfera de vibraciones clásicas que desemboca en unos samples bélicos que terminan haciéndose largos para la breve duración del tema. “The Sage” se desmarca en el tracklist por la gracia con la que son capaces de integrar instrumentos orientales y mantener la coherencia del disco a la perfección, encajan en su sonido complementándolo maravillosamente. “The Serpent” es el primer single que nos ofrecieron, y para mi gusto el mejor punto de partida para decidir si pueden interesarte. Tal vez opino así porque fue el tema con el que me engancharon y terminé por tenerlo en bucle hasta que lanzaron el álbum completo.

Atone” es de los temas más minimalistas, en la que se desenvuelven muy bien. Las voces destacando con la instrumentación insinuando paisajes sonoros que se mantienen en un segundo plano hasta ganar algo de presencia al final. Los arreglos de teclado de Randy siempre encuentran su hueco para hacer más grandes las canciones. “III: Deep Earth” es el momento Sigur Ros del disco, y la debilidad de Dan por estos no me ha pillado para nada por sorpresa. Desde la primera vez que escuché “Evolution” de Skyharbor siempre he pensado que el momento ambiental previo a la explosión del tema sonaba muchísimo a los islandeses.

Evelyn” es el climático final que requería el álbum, con la inclusión de voces sinfónicas con elegancia, complementando el rol de los dos vocalistas y fusionándose con la instrumentación con naturalidad. Uno de los mejores temas del álbum sin duda, en el que brilla especialmente el carácter inquieto, compositivamente hablando, de la formación.

Desde que lo publicaron he escuchado “Atone” a diario, se ha convertido casi en una necesidad, una dosis musical que me llena de paz interior. Es un disco que destaca por elegante y ecléctico, por profundo y accesible, pero cuya virtud no es la innovación, sino sencillamente la belleza que es capaz de evocar. Al final en muchas ocasiones todo se resume sencillamente en conectar, escuchar la música con la mente abierta y, si hay suerte, que haga click dentro de ti. Y el eco que ha provocado “Atone” en mi resuena con más fuerza con cada escucha que le dedico.

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