“To the Bone” de Steven Wilson: entre la innovación y la… ¿autocomplacencia?

Cover

Steven Wilson es un artista diferente. Pese a ser uno de los mesías del Olimpo del progresivo, en lugar de bajar el nivel y vivir de éxitos pasados todavía parece tener necesidades musicales por satisfacer. Lo cierto es que a punto de cumplir 50 años (hoy día 3 noviembre ha llegado al medio siglo) ha publicado un trabajo que ha generado cierta división de opiniones. Obra maestra para unos, pop soso y superficial para los otros. Me inclino más bien por lo primero, voy a explicar por qué.

“To the Bone”, de primeras, es un disco fácil y agradable de escuchar. Aparentemente más alegre y optimista que la música a la que Wilson nos tiene acostumbrados, pero nada más lejos de la realidad. Estas canciones son mucho más profundas de lo que pueda parecer. En esta ocasión SW ha optado por escribir en primera persona y componer un disco muy sincrónico, muy inspirado por el mundo tal y como es en 2017. Es el resultado de las inquietudes sociales, políticas y vitales de un adulto cualquiera de mediana edad. Un ciudadano de a pie normal y corriente, aunque se trate de Wilson. Las letras se inspiran en hechos recientes como la situación de los refugiados, el fenómeno de las redes sociales y sus consecuencias, y temas más peliagudos como el ataque terrorista de la sala Bataclan o el ataque en el club gay Pulse de Orlando en el que murieron 49 personas. A pesar de la seriedad de estos temas, también hay espacio en el disco para la felicidad y la esperanza. Pasemos a los temas.

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“To the Bone” abre el disco con una voz en off y trata sobre lo que es la verdad y la, tan recurrente en la actualidad, posverdad. La necesidad de tener razón, de hablar sin saber, de opinar de absolutamente todo cuanto ocurre… éstas son las cuestiones que Steven nos plantea. A nivel musical llama la atención la inclusión de la armónica y la percusión, instrumentos poco habituales en su música que cobran protagonismo en este nuevo trabajo. La sencillez de los temas y la apuesta por unos arreglos propios del progresivo sobre temas de estilo más bien pop va a ser la estructura más recurrente que vamos a encontrar durante la hora de duración de este disco. En este tema colabora con los coros Ninet Tayeb, que tiene un peso importante en varios temas. “Nowhere now” sigue en la línea positiva del primer tema y tiene un sonido que bebe directamente del rock más americano, con la inclusión de esa guitarra slide tan característica del blues. La sección instrumental a mitad de tema es muy progresiva y elaborada. Una vez más, cortes sencillos con unos arreglos y estructuras muy progresivos.

Uno de mis temas favoritos del disco, y de la discografía de SW en general, es “Pariah”. Un dueto precioso con Ninet que trata sobre el efecto que las redes sociales han tenido en nuestras vidas, con mención explícita a Facebook incluida, como la falsa sensación de aislamiento o de no existencia que conlleva rechazar el ser partícipe del gran escaparate en que se está convirtiendo internet, lleno de vidas perfectas y felices que en muchas ocasiones ocultan realidades muy distintas. Muy propio de “Black Mirror”. “The Same Asylum as Before” retoma el ritmo de los dos primeros cortes con ese sonido rockero tan americano, y contiene uno de mis estribillos favoritos del disco. Steven es discreto pero no ajeno a la realidad política y social que le rodea, y “Refuge” está escrita en primera persona por una persona que busca refugio en otro país porque se ha visto forzada a abandonar el suyo. En contraste, “Permanating” es un tema festivo y feliz con cierto aroma a ABBA y los Beatles. Muy criticado cuando lo publicó, creo que es una muestra de que a Wilson le trae sin cuidado la opinión general y hace lo que siente. Mucha atención al vídeo en el que participa un grupo de danza de Bollywood, puede verse a Steven sonreír!

Otro de mis temas favoritos del disco es “Blank Tapes”, un dueto de apenas 2 minutos con Ninet que me recueda a “Coil” de Opeth. Imprescindible. Inspirado en el ataque terrorista de la sala Bataclan, “People Who Eat Darkness” gira en torno a la sencilla idea de que no conocemos a la persona que vive en la puerta de al lado. Todos llevamos una vida normal, frecuentamos los mismos lugares pero, ¿quién sabe qué es lo que ocurre una vez llegamos a nuestras casas?. Sucesos recientes como el mencionado han hecho que aumente la sensación de inseguridad y las suspicacias. “Song of I” hace especial hincapié en la electrónica ambiental, con un uso de los sintetizadores que me recuerda a bandas oscuras como Depeche Mode. Los violines ayudan a que se cree esa atmósfera siniestra que tan bien se plasma en el videoclip. Atención a la colaboración de Sophie Hunger.

“Detonation” es el tema más largo del disco superando los 9 minutos de duración y abarcando géneros tan dispares como la electrónica, el rock más convencional o el funk. Está inspirado también en un suceso reciente, en concreto en la matanza que tuvo lugar en el club Pulse de Orlando. La segunda parte del tema contiene un solo de guitarra que se funde en una jam instrumental muy progresiva. El disco concluye con “Song of Unborn”, un tema relajado y melódico en el que el piano y la guitarra acústica llevan el peso de la canción. Destacaría los coros y los teclados.

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En mi opinión, Steven Wilson ha asumido riesgos y ha salido triunfante. Para mí tiene mucho valor el hecho de que un artista más que consagrado y sin nada más que demostrar al público como él decida hacer el disco que él quiere hacer. En su caso, como bien ha dicho en alguna entrevista promocional, quería componer un disco diferente a los anteriores de su carrera y que tomase como punto de partida los discos de pop progresivo que le gustaban en su juventud, artistas como Peter Gabriel, Kate Bush, Tears for Fears y Talk Talk. El disco es bueno, con temas bien compuestos y muy agradables de escuchar, pero no me parece que por ello haya bajado el listón o se haya contentado con menos. Es su decisión cambiar y la respeto, quién sabe cómo será su próximo trabajo. Ahora mismo me quedan dos cosas claras: una es que Steven Wilson es un artista como la copa de un pino y si ahora le apetecía hacer pop, la verdad es que el resultado es inmejorable, pero si en su próximo trabajo quiere explorar otro género el resultado lo será también; y segundo, lástima que no vaya a poder verle durante la gira de presentación de “To the Bone”. Me voy a quedar con las ganas de disfrutar de su directo de nuevo.

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