Blackfield – Blackfield V

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Hay momentos en los que tu mente necesita desconectar, apartarse del mundanal ruido y buscar cobijos de luz donde poder proyectar el hastío, el dolor, la rabia, la inseguridad, la conmoción o la pasividad de la semana, y evadirte por completo. Buscar ese estado que te ayuda a hacer frente, una vez más, a la rutina del día a día. Hay muchas formas de llegar a él: deportes, películas, libros e incluso unas buenas cervezas con amigos. Pero yo en estos casos me suelo empapar de música, mucha música.

Me busco discos sencillos, sosegados, donde la música fluye de una manera simple y casi monótona, donde no hay altibajos ni cambios de ritmo, que todo discurra de la manera más natural posible y donde poder embriagarme de nostalgia, romanticismo, dulzura y por que no, de una bonita tristeza. Todo esto lo encuentro en Blackfield, especialmente en su última pequeña gran obra.

Pero antes de todo, ¿Quien son Blackfield? Para él que no los conozca, Blackfield es la unión del polifacético artista israelí Aviv Geffen y el multiinstrumentista y cada vez más conocido Steven Wilson (que este año también nos ha deleitado con su nuevo álbum de estudio en solitario). Formados en 2001 bajo este seudónimo, el Sr. Wilson y el Sr. Geffen han dejado aflorar su faceta más comercial y accesible, y con la que en sus dos primeros álbumes de estudio nos enamoraron de una forma absoluta. Para los siguientes, en 2011 y 2013 respectivamente, Wilson se desmarcó del proyecto para poder centrarse así en su carrera en solitario. Es entonces cuando Geffen tomó las riendas del proyecto (en la que de vez en cuando se dejaba caer Steven Wilson para alguna colaboración, casi exclusivamente vocal). Sin ser mediocres, los discos editados en la era Geffen carecían de esa magia que caracterizaba a los primeros lanzamientos, y sin llegarme a entusiasmar del todo fui perdiendo poco a poco el interés por Blackfield, hasta dejar prácticamente de escucharlos. Pero a principios de 2015 los fans de la banda nos llevamos una grata sorpresa: Steven volvía a colaborar de manera completa con Aviv, y estaban preparando lo que sería su quinto álbum de estudio.

Y es así como con una energía renovada y una frescura que se echaba en falta nos llega “Blackfield V”, posiblemente uno de los mejores discos que el dúo haya editado.

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El álbum comienza con “A Drop in the Ocean”,  una hermosísima pieza orquestal de apenas dos minutos de duración que sirve como introducción para “Family Man”, donde nos encontramos a unos Blackfield más progresivos que nunca, con unas guitarras más pesadas y ligeramente más agresivas. Steven Wilson se encarga completamente de las voces en este tema, con ese “to be a family man” consigue uno de los estribillos más pegadizos del disco. Con “How Was Your Ride?” volvemos a los Blackfield más clásicos, a melodías muy hermosas y a la vez inquietantes, con un estupendo Steven de nuevo a las voces. En “We’ll Never Be Apart” ya podemos escuchar la voz quebradiza tan característica de Aviv Geffen, que nos regala junto a “Sorrys” dos canciones muy positivas y que fluyen increíblemente bien, en parte gracias a los arreglos orquestales que están prácticamente presentes en todo el álbum, y que le dan una dimensión y un empaque realmente mágico. La mayoría de ellos interpretados por The London Session Orchestra, una autentica gozada.

La primera colaboración vocal de ambos músicos llega con “Life Is an Ocean”, donde la harmonización en falsete durante todo el tema por parte de Steven hace que mantengas pegados tus oídos. La participación de la vocalista, también Israeli, Alex Moshe, viene con “Lately”, en la que volvemos a un terreno más rock, con melodías muy inspiradas y simples a la vez. Pero todo palidece ante el siguiente corte del álbum: “October”. Se trata de una pieza a piano sobrecogedora, muy emotiva, donde con unos arreglos orquéstales básicos y la voz de Steven superan sin duda la belleza de la original, grabada por Aviv Geffen en 2009. Aquí te das cuenta de que la voz de Wilson es realmente especial, sin esfuerzo, no arriesga, pero con un tono natural, muy fino, es capaz de encogerte el corazón. Estas cosas son las que hacen a los artistas, los discos, la música en general, tan especial. Gracias Blackfield.

“So when I die and October comes / And the leaves start falling down upon the ground
And when the rain will stop you can be sure/ I’ve found my happiness”

No todo, aunque si la mayoría, se lo debemos a las conseguidas interpretaciones de los músicos, sino también a la producción tan estupenda que tiene el álbum. Esta vez la tarea ha sido repartida a tres bandas, por una parte Avin y Steven se han encargado de la producción individual de la mayoría de los temas. Y por otra parte, el legendario Alan Parsons ha hecho lo propio con otros tres temas del disco. Cuando el trabajo esta asentado bajo grandes profesionales como estos, es imposible que algo suene mal. Todo esta cuidado al detalle, incluida la portada, magníficamente fotografiada por Lasse Hoile.

Siguen temas como la instrumental “Salt Water”, donde la melodía de guitarra es una absoluta delicia, o la más experimental y electronica “Lonely Soul”, esta vez con Geffen y Moshe a las voces, para acabar con una de las joyas de la corona, como no podía ser de otra manera. “From 44 to 48” es la canción perfecta que resume en unos pocos minutos lo que son Blackfield. Es la única canción en la que Wilson ha escrito enteramente la letra, y eso se nota. La historia habla de la vida de un niño de trece años, del que se nos van contando diferentes sucesos y situaciones que le llevarán a una maduración personal, que finalmente alcanza a los cuarenta y ocho años de edad. Una única palabra puede definir esta canción: maravillosa. Te cuenta con una sencillez pasmosa, en prácticamente unas pocas frases, lo que una persona puede sentir en las diferentes etapas de su vida: Pre-adolescencia -de los 13 a los 17-, adolescencia -de los 19 a 21-, hasta llegar a la sazón interior, y conseguir (o aceptar) su felicidad -de los 44 a los 48-. ¿Será que Steven Wilson ha alcanzado su plenitud musical y personal? ¿Y así nos lo cuenta? Pues lo más probable es que así sea, viendo el nivel de los últimos trabajos del británico. Sin ninguna duda, uno de los más grandes regalos que nos ha dado este disco, por lo menos a mí.

Then from 44 to 48/ I knew I’d left it far too late for sure/ To climb up the mountain ‘cause time’s always running away from me

Un disco que solo ha podido ser creado por dos personas que saben perfectamente lo que son y lo que quieren, y van directos a por ello, sin tapujos. No les hace falta ser complejos, tienen la suficiente convicción propia para mostrarse tal y como son, y hacérselo ver al oyente. Aviv y Steven han conseguido, para mí, el disco de pop/rock alternativo del año, haciendo gala una vez más de la compenetración y la madurez que poseen estos dos grandes artistas. Lo han vuelto a conseguir, si señor.

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