Boucle Infinie – 直線移動

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Quizás la gigantesca luna llena de anoche tuvo algo que ver, o los pequeños puntos de luz que se van perdiendo en el negro horizonte, o simplemente el vaho que poco a poco escala sobre el cristal, pero ayer disfrute de uno de esos trayectos en coche increíblemente reveladores. Siempre digo que los viajes en coche, ya sean cortos o largos, me sirven para conectar con la música de una manera muy especial. Redescubro discos olvidados, profundizo en algunos, encuentro pequeños matices en otros, pero sobretodo escucho música con la que jamás seria capaz de conectar sentado en mi silla de despacho, y que sin embargo, escuchándolos con las manos pegadas al volante me llegan hasta el tuétano. Alguien dijo alguna vez que la música synthwave es perfecta para los conductores nocturnos, y anoche lo pude comprobar en mis propias carnes.

Posiblemente el nombre de Boucle Infinie no te suene de nada, pero si te nombro a The Algorithm la cosa empieza a tomar forma. Su líder y mente pensante no es otro que el multiinstrumentista y polifacético Rémi Gallego, que desde la vecina Francia ha editado bombazos electrónicos como “Polymorphic Code” o “Brute Force”. Este año ha decidido disminuiar la intensidad, y bajo el alias de Boucle Infinie nos deleita con “直線移動”, EP de 5 temas donde deja de lado sus influencias djent, para explorar terrenos más cercanos al synth-pop o el IDM. En palabras del propio Rémi: “Era una manera de intentar salir de mi zona de confort”. Y para un servidor no solo lo ha conseguido, sino que se ha marcado el disco electrónico del año.

Ya desde la impactante portada te das cuenta que todo tiene una estética muy cyberpunk, muy distópica, la ambientación de un Tokio futurista no deja de rondarte por la cabeza. En el primer tema homónimo (cuyos caracteres orientales confirman cualquier atisbo de duda) Rémi va jugando con loops electrónicos y bases de teclados muy suaves, las capas de sintetizadores se van fundiendo con pequeños arreglos de guitarra metidos con mucho gusto. Todo suena muy ambiental, muy sinfónico, como si los mismísimos Pink Floyd se pasaran al darkwave… pero sería muy fácil si todo quedara así. En el estribillo aparecen las guitarras más duras, con cierto regusto post-rockero, que nos hace plantearnos que esto no va a ser un viaje sencillo, sino una autentica experiencia auditiva. “Inside” es un tremendo ejercicio retro-musical, que perfectamente podría haber sido sacado de los Depeche Mode más ochenteros. Participa en las voces el también polifacético Philippe Charny (vocalista de la banda de metal progresivo KADINJA y en cuyo reciente proyecto en solitario ha probado también con diferentes sonidos electrónicos) que con su voz profunda y pausada nos recuerda a un Scott Walker en su mejor época.

En “System” las bases rítmicas marcan la diferencia, sonando por momentos a su compatriota Franck Hueso (más conocido como Carpenter Brut) pero sin dejar de perder ese filón atmosférico y puramente sentimental. Con las diferentes texturas armónicas Rémi nos evoca mil y un sentimientos. La influencia de guitarristas como David Gilmour es evidente, pero yo veo una gran influencia de guitarristas más modernos como David Máxim o Plini. Y es que Rémi Gallego no es un virtuoso (por lo menos aquí) pero la manera de meter los punteos, las melodías, y los fraseos son puramente progresivos, y que sin duda lo colocan dentro de la escuela más actual.

También hay tiempo para explorar las tendencias más actuales de la música electrónica. “Meanings” es sin duda el tema más accesible del disco, donde Rémi nos ofrece su propia visión del dance y el techno. Los samplers de voz se van tejiendo entre diversas texturas de carácter más ambiental y psicodélico. La guitarra sigue fluyendo de manera mágica, especialmente al final del tema.

Llegamos al último corte con “”, en el que la música nos proyecta directamente a un porvenir oscuro y mecanizado. El enfoque casi cinematográfico con el que se adorna tanto este tema como el primero es sin duda un acierto. Me vienen a la cabeza bandas sonoras como Blade Runner, de Vangelis o Ghost In The Shell de Kenji Kawai, y eso despierta todavía más mis sentidos. De nuevo diferentes texturas electrónicas y retro-sintetizadores juegan a favor para crear una envolvente y gratificante escena sonora. Un impresionante crescendo final acaba en un groove de guitarras y batería que nos devuelve a ese pasaje de influencias post-rock del primer tema. Poco a poco el loop electrónico va cesando, pero una nota alargada se mantiene, dejándonos entrever que no existe realmente un final, que todo vuelve a empezar, como en un bucle infinito.

Treinta y cinco minutos de absoluto goce musical. Aquí no hay complejos de ningún tipo ni ataduras morales o estéticas, solo el afán de experimentar con las diferentes posibilidades que ofrece el mundo de la electrónica. El señor Steven Wilson dijo en una de sus versadas entrevistas que la electrónica es la cuna actual de la música experimental y progresiva. Y amigo mío… ahora mismo no tengo absolutamente nada que objetarte.

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