Angra – Ømni

angra-omni

Me despierto y estoy tocando en un escenario descomunal. Levanto la púa y la ovación del público me pone los pelos de punta. La descargo en un acorde que pone a la gente a cantar. Los nervios se evaporan y la maquinaria se pone en marcha. Va a ser una noche increíble. Me despierto y estoy en el sofá manchando de babas la almohada. Voy a hacer una reseña.

En definitiva, “Ømni” es un disco inesperadamente encantador, que vuelve a levantar mi interés por los brasileños, y que pese a la pérdida de Loureiro es un golpe en la mesa que demuestra que la banda sigue viva y coleando. Un momento… ¿esto es la introducción, no? Bueno, como yo no hago revisiones ni correcciones, dejemos este párrafo como un pequeño spoiler y sigamos con la reseña.

Aquí tenemos a Angra, banda brasileña que siempre se ha caracterizado por aderezar su power metal con pequeñas dosis de música de su tierra natal, además de desde hace unos cuantos discos, meterse en terrenos progresivos y sinfónicos con regularidad. Y por supuesto, al frente tenemos a su flamante cantante italiano Fabio Lione. Lo siento, pero es que al pobre señor este lo tengo tan oído que me saturó en su momento y lo dejé abandonado a su suerte. Pero vamos, que cante muy bien no lo voy a negar, y desde luego en este álbum he recuperado un poco la fe.

Bueno, el caso es que, en un alarde de racismo, me negué a escuchar nada de Angra hasta que se deshicieran de Fabio y trajeran a un cantante brasileño, pero dándome cuenta de que quizá fuese yo un poco imbécil, decidí darle una oportunidad al anterior “Secret Garden” (2015), el cual no hizo sino empeorar la situación, y esta vez a este “Ømni” (2018), a ver si por fin puedo reconciliarme con la banda. Así que haremos borrón y cuenta nueva y veremos si, tras la salida de su guitarrista estrella Kiko Loureiro (ahora en Megadeth) por el guitarrista de Almah –banda de Edu Falaschi, anterior cantante de Angra– y conservando de su formación original únicamente a Rafael Bittencourt a la guitarra –joder que lio, parece una puta telenovela– consiguen al menos seguirle el paso a sus grandes obras.

No se han calentado mucho la cabeza con “Light of Transcendence”, power metal del bueno, aunque también del que ya llevamos oyendo muchos años, batería a la velocidad de la luz, melodías clásicas a la guitarra y un Lione que canta como siempre. Cero sorpresas. Tenemos un solo largo y profundo, como a mí me gusta, seguido de unos arreglos de orquestales fantásticos que consiguen despertar un poco más mi interés. Pero pasemos rápido a la siguiente, “Travelers of Time”, que probablemente contiene el peor estribillo que ha escrito la banda hasta ahora, me ha resultado vocalmente similar a “Mermaids From Their Moons” de Vision Divine, donde también cantaba Fabio. Rafael ataca también cantando un pequeño fragmento del que no puedo llegar a decir si me gusta o no… digamos que es más raro que Rajoy hablando inglés.

Pasamos a “Black Widow’s Web“, donde tenemos aquí la colaboración, en primer lugar, de Sandy Lima, cantante brasileña que aporta un toque misterioso… ¿no será un homenaje a la fantástica Black Widow de Alice Cooper? Nada, nada, que me perdone Vincent Price por la comparación. En segundo lugar a Alissa White-Gluz, actual cantante de Arch Enemy, de quien no me declaro fan ni mucho menos, pero que obviamente no pasa desapercibida acompañando con su canto gutural a Lione. Un cambio de roles que titularemos “Bello-bestia” que hace del tema un curioso y disfrutable paseo, aunque no tenga nada que ver con el sonido de Angra.

Insania“, con un video musical que ni me va ni me viene, no llega a convencerme del todo. Lo que más me convence es que el bajo y la batería roben el protagonismo en varias ocasiones, pero el estribillo se me hace bastante cansino. El tema se pone más interesante hacia la segunda parte, cuando comienza el solo y la instrumentación comienza a brillar, tenemos un momento de percusión tribal y Fabio acompañándola magistralmente, lo cual vuelve a derrumbarse cuando entran unos coros muy forzados y fuera de lugar.

The Bottom of my Soul” llega en forma de medio tiempo casi baladero, y en forma de medio tiempo casi baladero se queda, con el toque emotivo con el que canta el señor Bittencourt, lo cual yo agradezco, pues obviando el extraño pasaje de antes, esta vez demuestra (como ya hizo en la fantástica “Silent Call” del anterior álbum) una buena dote al menos para las canciones lentas, con una voz grave y cálida, pero a la vez áspera, que arropa tanto como da fuerza al tema. Un gran trabajo con la balada, con un solo que parece que haya sido escrito para esta canción y no pudiese usarse en otra, y buena idea la de cambiar de vocalista dando más variedad.

Como dije, la cosa se levantaba pasado el ecuador, y si la anterior ya era interesante, ahora nos llega “War Horns”, de nuevo con vídeo que de nuevo pasaré por alto, contando con Lione ejercitando su brazo derecho mediante bruscas sacudidas (no penséis mal), planos a cámara lenta y esas cosas. Un tema fantástico de power metal bastante oscuro, con un riffazo de la ostia y Loureiro haciendo una breve aparición como invitado para un igualmente solazo de la ostia. “Caveman” por su parte acentúa el exotismo con su buena percusión y voces brasileñas marcándose un duelo con los riffs repartidos a partes iguales en el tema más progresivo del álbum y en el que tanto instrumentación como vocalista dan una lección magistral, sin prisas y construyendo el tema con gusto.

Magic Mirror” empieza aplastante mientras la guitarra va construyendo la melodía, y acaba siendo un medio tiempo más oscuro y efectivo que la rápida “War Horns”, donde quien más destaca esta vez es Lione, con unas melodías vocales a la altura de los dioses, y la instrumentación a partir de la segunda mitad pega un escopetazo que te deja el culo pelado. Por decirlo suave. Y si antes Bittencourt se lucía al micro en un tema lento, ahora de la balada se encarga Lione en “Always More”, y qué decir… es que para decir algo y fastidiarla, no digo nada. Que está genial, vaya, que es la bomba, que parte la pana, que te hace flipar por un tubo, nano, que te da los “chills”, que te pone el pompis en pepitoria. Ya la he fastidiado.

Con una racha ya bastante larga, no iban a decepcionar al final. Solo a medio decepcionar. La primera canción de la dupla que cierra el disco se llama “Ømni – Silence Inside” y es de las más trabajadas del disco. Comienza interesante aunque falta de ideas con la guitarra española en una intro casi calcada de “The Shadow Hunter” de su disco “Temple of Shadows”, pero consigue remontar con una evolución lenta e implacable que acaba despegando disparada en la parte final. Y he aquí el bajón, porque esta debería haber sido la última. Sin embargo cierra “Ømni –Infinite Nothing”, un mejunje orquestal de las canciones del álbum, recurso de manual que ya utilizaron anteriormente y que poco aporta.

Y como la conclusión la he escrito al principio de la reseña, me ahorro hacerla ahora. Una vez más todo sale a pedir de boca.

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