Therion – Beloved Antichrist

Beloved Antichrist 2

Querido Anticristo:

Como este año me he portado muy mal, pero que muy muy mal, o sea, al nivel de cortarme las uñas y dejarlas en la mesa, o tirarme un pedo y culpar a mi hermano de ocho meses. Ese tipo de maldad. Pues eso, que quiero que me traigas muchas cosas:

  1. Un discazo. Punto. ¿Por qué digo punto si al final voy a poner un punto igualmente?
  2. Coros y voces épicos que glorifiquen tu divina presencia.
  3. Una buena producción –como es costumbre en Therion– y una mezcla de instrumentación que no se opaque entre sí (he de incidir mucho en este punto, que ya me veo venir a la orquesta con hambre).
  4. Ya si te queda tiempo, me gustaría que menos de la mitad de las tres horitas de duración del disco sean de relleno. Pero eso ya si tienes tiempo, querido Anticristo, que sé que estas ocupado con todo eso de putear a la humanidad.
  5. Ah, y ya sería la ostia si todo lo que he dicho antes contribuyera a no quedarme dormido a la media hora. Y es que se está muy a gustito durmiendo, pero casi todo tiene su momento, y si estoy escuchando música, prefiero no mantener mi cerebro en fase REM.

Nada más por mi parte. Espero que todo te vaya bien. Te dejaré un poquito de azufre en la chimenea para que recobres fuerzas cuando te pases por aquí.

Muchas gracias,

Sergio

Así empezaba la ilusionada carta de un niño a uno de sus ídolos favoritos. Una carta llena de emoción, de buenos deseos. Una carta rebosante de amor hacia quien en el pasado había regalado tanta magia en discos como Theli, que marcó un antes y un después en el metal sinfónico, o más bien un comienzo, o Vovin, que expandió aún más la frontera que había abierto el anterior.

Christopher Johnsson, al mando de Therion, ha demostrado ya sobradamente que, comandando una orquesta sinfónica, unas voces líricas y alguna guitarra eléctrica puede sonar más duro que los putos Picapiedra y a la vez más sutil que mear por la noche con la luz apagada, y aquí, en los albores de mi primera escucha, en el ocaso de mi periodo de oposiciones, rompo un par de lanzas a su favor y me bajo los pantalones ante su presencia, dando por sentado que lo que voy a escuchar de su nuevo trabajo “Beloved Antichrist“no me hará editar luego estas palabras. Qué leches… lo dicho, dicho está. Nada de editar.

Tres horas después:

Uf, a ver, vamos a ver. Me permito empezar por el final y luego ya iremos disco por disco. Puedo admitir, y admito, que me he aburrido. Tenía una metáfora super chula para definir el nuevo trabajo de Therion, pero cuando he ido a escribir se me ha ido, así que recurriré a la tan manida montaña rusa. Unas veces para arriba, otras veces para abajo, y una vez abajo, un lento ascenso hasta, más o menos, llegar hasta una altura media y volver a bajar en picado, luego volver a subir y mantenerse estable con algún que otro looping. Al final me ha salido guay la metáfora.

En general podría decir que el trabajo –basado en una obra de Vladímir Soloviov: Breve relato sobre el Anticristo–, se acerca más a una ópera –así en seco, sin más apelativos–, que a una ópera rock o metal. El señor Johnsson se ha tomado ciertas licencias operísticas, como el supeditar la música a la historia. Esto puede hacerse bien, o puede hacerse mal, como ha pasado en mayor parte aquí, con temas muy parecidos entre sí y con una falta de variedad entre los casi cincuenta tracks en que se divide la ópera que dan ganas de trepar por las paredes por hacer algo más activo. Una ópera suele tener todo tipo de temas, unos más alegres, otros más tristes, más rápidos, más lentos… aquí no se sale del drama. Las voces, todo sea dicho, son numerosas y muy profesionales, aunque se hacen planas y repetitivas en bastantes ocasiones, sin llegar a transmitir las emociones que se les presupone. Aun así, hay muchos momentos, tanto instrumentales como líricos, de gran maestría, y podía haber sido un gran álbum si se hubiese acortado a la mitad, pero la ópera, tal y como está, me resulta, como dicen los chavales en la calle, una categórica monserga.

Y ahora, vamos a ir rescatando cosillas de cada disco, que no digan que soy un hater. Vamos por ejemplo la bellísima “Through Dust, Through Rain”, donde el piano complementa y realza la voz femenina; la intensa “Garden of Peace”, donde las melodías clásicas se intercalan de maravilla con un dueto muy bien interpretado y que por primera vez en los primeros treinta minutos me hace asentir con complicidad; la siguiente “Our Destiny” la única del primer disco que tiene algo de gancho; o “Anthem”, un himno –como su nombre indica–, donde cabe todo: batería rauda, coros explosivos, melodías épicas y energía inagotable… muy power europeo, ¿cómo no iba a gustarme? Como contraparte nos encontramos por ejemplo con “Morning Has Broken”, la cual parece ir a despegar en cualquier momento, pero nunca lo hace, y además contiene un ejemplo de cabalgada metal clásico que nos encontraremos en otros puntos del disco y que suena tan añejo y ya visto miles de veces que me logra levantar una ceja bastante espesa y peluda.

El segundo disco se vuelve más durillo, no mucho, eso sí, combinando con algo más de interés los instrumentos eléctricos, los sinfónicos y las voces líricas, con muchas partes atmosféricas, asemejándose a lo que hicieron en el Sirius B, e incluso en los temas más movidos pueden recordar –aventurando un poco más y mirando desde un potente telescopio– a los temas más suaves de la Trans-Siberian Orchestra. Buena muestra de ello es “Pledging Loyalty”, donde Apollonius se presenta con una voz imponente siendo envuelto por una atmósfera inquietante, y su continuación, la poderosa “Night Reborn”, con olor al Vovin.

Lo más reseñable del último disco es que añade algo de metal a la ecuación, haciendo la carga un poco más liviana hacia su final, lo cual se agradece. Tenemos como ejemplo de esta mayor carga metalera la primerísima “Shoot Them Down!”, que comienza con un riff potente, salpicada por algún bonito detalle aquí y allí y cuya intensidad, sustentada asimismo por voces y coros, no decae hasta el final. O “The Wasteland of my Heart”, con un trabajo guitarrero sobresaliente, que acompaña perfectamente el trabajo vocal y se hace realmente disfrutable.

Resaltemos por último la postrera canción, “Theme of Antichrist”, no solo por su carácter musical, bastante bien logrado, dinámico y entretenido, sino por su vídeo, una maravillosa creación audio visual que alguien como yo que gusta del avant-garde no puede sino deificar, ¡oh, gloria! Una completa agresión sin consideración alguna hacia nuestra salud mental… y mira que el metal, siendo más concretos el power metal o el sinfónico –estoy pensando ahora mismo en cualquier vídeo de Helloween–, tiene por norma hacer sus vídeos lo más cutres posibles, pero esto creo que sobrepasa cualquier frontera imaginable. Un final digno del dios de la comedia.

Como veis, el nuevo artefacto de Therion me ha dejado sensaciones encontradas. Un encontronazo, vaya, como esos problemas de matemáticas de antaño en los que dos trenes salían de ciudades opuestas y se encontraban en un punto determinado… un encuentro brutal, con descarrilamiento, muertos y heridos de gravedad. ¡Caray, de qué manera sosiegan mi espíritu tan idílicas alegorías! Sí que me gusta el enfoque operístico hacia el que querían ir, pero he echado en falta algo, algo siquiera, de variedad y agresividad, si bien es marca de la casa ya el no saber qué esperar de un nuevo disco. Una obra muy irregular, con partes espectaculares y otras con papeletas a ser recetadas por el médico como somníferos, o incluso analgésicos en caso de dolor leve localizado.

Me permitirán ahora hacer un trabajo de investigación para aclarar ciertas dudas sobre el disco, pero lo haremos divertido, a modo de juego. Consiste en ratificar o refutar lo que ha dicho Johansson en una entrevista: 1. “Beloved Antichrist está dirigido a una audiencia mainstream”. Permitidme que me ría un buen rato. Refutar, refutar, refutar. No sé lo que entiende este señor por mainstream. Esto lo dice, eso sí, en el contexto de ver la ópera representada al completo en un escenario. 2. “Los 3 CDs contienen mucho más material que suena al Therion clásico que un álbum normal, así que nuestros fans pueden pensar en él como un nuevo CD más dos CDs de bonus con un sonido distinto”. Ratifico, y añado, además, que es el álbum con más contenido de bonus de la historia. Record Guinness fijo.

Qué larga se ha hecho la reseña, casi tanto como el álbum. Vamos ya a concluir. ¿Me ha gustado? A medias. ¿Lo recomiendo? A medias. Si estás acostumbrado a consumir cosas sencillitas, huye y no mires atrás. Si tienes cierta tolerancia a los experimentos, el libreto con la historia y mucha imaginación –porque dudo que vayan a interpretar esto como una ópera en vivo, aunque sí que había planes–, puede que consiga engancharte. Podemos considerar esto simplemente como un nuevo cambio en el mar de fluctuaciones de la discografía de Therion. Mientras tanto, yo me voy quitando mi elegante esmoquin, el sombrero de copa y el monóculo, y vuelvo a mi cueva a descansar. Buenas noches, y vaya mierda de artwork.

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