Dark Moor – Origins

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¿De dónde proviene la inspiración? Los antiguos griegos contarían cómo el tunante de Zeus, en uno de esos días bobos zascandileando por el Olimpo en un breve interludio entre aventuras sexuales, conoció a Mnemósine, y con ella tuvo varias hijas a las que llamó Musas. Estas deidades serían la fuente de inspiración de incontables artistas y genios, y las que hacen en última instancia que Dark Moor saquen el Orfeo que llevan dentro y compongan estos discos tan raros.

Por otro lado… ¿qué nos depara el futuro? Lo sé, lo sé. Sé que este preciso instante podría representar el futuro si tomásemos como punto de referencia un instante inmediatamente anterior al de este mismo acto de escritura/lectura, pero no me estoy refiriendo a ese futuro tan próximo. Me refiero a que nadie sabe qué cojones se sacarán de la manga esta banda para su próximo disco. De momento, ciñámonos a este.

Hechas las presentaciones… ah, no, que aún no las he hecho. Pues bien, Dark Moor nació como una banda de power metal en 1993, alcanzaron buena fama con su fenomenal primera vocalista, Elisa Martin, con la que consiguieron discazos eternos como The Hall Of The Olden Dreams o The Gates Of Oblivion. Tras ella llegó Alfred Romero, quien acabaría por dar la puntilla a la proyección internacional de la banda, siendo su verdadero salto al estrellato, llegando a componer álbumes de igual calidad, como el Beyond the Sea, de personalidad arrolladora.

Más tarde con el Tarot el barco ya empezó a virar hacia aguas más azarosas, y es que el disco de marras fue el primer conceptual que hicieron, llevándose, eso sí, un éxito asombroso. Autumnal fue su disco más sinfónico hasta la fecha, y en el siguiente Ancestral Romance se centraron en la cultura española, tanto en música, literatura, mitos y leyendas o hechos históricos. Todos ellos eran muestras de que la banda intentaba aportar cierta personalidad a cada disco, pero no fue hasta el Ars Musica cuando todo empezó a cambiar de verdad. En este dejaron más de lado el power metal y se centraron en el AOR con orquestaciones, obteniendo las mejores ventas de su carrera. El siguiente, Project X, constituyó un nuevo cambio, metiéndose en temas de ufología con un sonido de rock sinfónico y hard rock, aunque con composiciones menos inspiradas.

Y ya creado el precedente, la cosa ha vuelto a virar de rumbo en su nuevo disco, Origins, tirando esta vez sin vergüenza ni reparo hacia un punto que me recuerda a lo que hizo el señor Ritchie Blackmore en Blackmore’s Night, solo que un poquito menos renacentista, algo más hard roquero y con menos instrumentos de nombre impronunciable. Comprobemos si el experimento sale como debe.

Birth of the Sun”, nos trae toques folk con una gaita estridente para de inmediato contrastar con unos riffs blueseros de alto calibre. La voz arrasa con la clase que caracteriza a Alfred Romero, de quien he de decir que está en plena forma, aunque ni mejor ni peor que en sus comienzos con aquel lejano álbum homónimo o el “Beyond The Sea”, sino simplemente diferente, siendo acompañado por una guitarra que lo equipara en clase y buen hacer, haciéndonos olvidar incluso que este fue un día un grande del power español. El estribillo se sale, y el solo le sigue a la zaga, uniéndose en un primer momento las flautas para luego rematar las guitarras de forma magistral. Otro gallo cantaría si todas las canciones mantuvieran el mismo nivel, pero, recontracórcholis, parece que no es así.

The Spectres Dance” se revela algo flojilla en su desarrollo, con un estribillo más simple que el famoso Jack “el simple”, de quien se cuenta que vivió toda su vida con miedo a caminar por si se caía. Una canción olvidable, con algún toque folk en el riff del estribillo, digna para marcar el ritmo con el pie y poco más. “Crossing Through your Heart” es una balada power roquera sencilla, nada que no hayamos visto antes billones de veces, pero aún así con motivos suficientes como para no palidecer frente a otras buenas baladas del género. Un desarrollo efectivo, una melodía bonita y un estribillo que haría derretirse al mismo sol, si es que no lo está ya.

Vamos ahora a lo bueno de verdad, y es que “Raggle Taggle Gypsy”, canción tradicional escocesa, puede ser lo más raro que nos haya echado esta gente a la cara. Lo primero es que, ya sea para reunirte con tus amiguetes elfos al calor de una hoguera en mitad del bosque y echarte unos bailes de puta madre o para salir una tarde a reventar ingleses a espadazos va de lujo. Lo segundo es que es la más distintiva del álbum, y lo tercero es que destaca con nota, siendo divertida, bailable y amena. Un puntazo, desde luego, y no lo digo yo, lo dicen los elfos. Si sabrán ellos más de música que yo.

In the Middle of the Night” nos trae ese rollo AOR a lo Survivor, mezclado con la voz de Romero de los inicios de su carrera en Dark Moor. Una mezcla extraña, pues uno se imagina esa voz con el doble bombo a saco, pero aún sin esto cuaja sorprendentemente bien. Su simpleza, eso sí, destaca por encima de todo, y me temo que no podrá soportar muchas escuchas antes de cansar. “And For Ever” la sigue como una mezcla entre balada y medio tiempo, variando de intensidad, con un sonido pulido acentuado por flauta y violín y Romero dando en varios versos una de esas interpretaciones teatrales que tanto le gustan. Una canción muy bien trabajada, con unos riffs dinámicos que llegan una vez acabado el calmado estribillo y que contrastan ampliamente tras este, y contando además con uno de los mejores solos del álbum.

Con ambiente más festivo nos asalta “Druidic Creed”, una de las más olvidables, repetitivas y cansinas del lote, pese a su carácter alegre, cosa extraña. “Iseult” por su parte no levanta mucho que digamos el nivel. Básicamente es lo mismo que la anterior: comienza igual, una parte folk, seguida por otra parte más calmada con Romero cantando y de inmediato, de forma brusca llega el estribillo. Parece más bien como si quisieran acabar lo más rápidamente posible, si bien hay que darle mérito a la outro de guitarra, bastante currada. “Mazy” es posiblemente la que mejor parada sale de estas tres últimas. Sin ser una maravilla, sí que tiene cierto aspecto distintivo, con un riff currado e interesante y algún fraseo genial, aunque la base rítmica sigue haciéndose sosa y la letra en general, y el estribillo en particular, es ciertamente vergonzante. “Mazy, you’re so mazy, crazy, I’m so crazy”. Anda a pastar fang.

Por suerte vamos a acabar más bien que mal con el riffazo blues-hard roquero que tenemos en “Holy Geometry”. Mi opinión sobre la geometría no es tan elevada, al igual que me pasa con el tema, pero aunque de ritmo repetitivo, se hace disfrutable. Finalmente “Green Lullaby” pasa sin pena ni gloria, casi sin notarse, y parece ser una media metáfora involuntaria de lo que ha sido este disco. Digo media porque tampoco es que me haya echado a dormir. Tiene cosas interesantes, y canciones que te enchufan un poco el culo a la corriente, pero de ahí a hacerlo como antaño, en los tiempos de la gran Elisa Martín al micro, o en los muy buenos discos que sacaron con Romero, pues hay un trecho bastante elevado, un páramo oscuro que los separa, y cuya distancia espero que pronto se reduzca.

Poco entusiasmo ante este nuevo trabajo de Dark Moor. ¿Por qué será? ¿Será por este cambio repentino hacia el folk sin evolución alguna respecto a anteriores trabajos que nadie ha pedido? ¿Será porque las canciones son sin duda las más facilonas y simples de su carrera? Está claro que ellos hacen lo que quieren, y espero que lo que quieran la próxima vez sea algo mejor.


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