Steve Vai – Modern Primitive

mpcov

Tras más de un mes de su lanzamiento, nos llega a la redacción de Spreading The Sound otra de las grandes producciones de este inspirado verano: “Modern Primitive” de Steve Vai, cuyo título es más certero que el más simple de los haiku.

Acompañando con un tour por motivo de la celebración del 25 aniversario del aclamado, legendario y, todavía, estudiado “Passion & Warfare”, a cuyo concierto tuve el honor de ir a ver en Bristol en Junio, Steve decidió brindarnos a los fans la oportunidad de conocer ese periodo de silencio, ese eslabón perdido, entre el incomprendido y vanguardista “Flex-able” del 1984 (y su “Leftovers”) y el flamígero “Passion & Warfare” de 1990.

Y no es que fuera un periodo de silencio per se, sino que Steve Vai comenzaba a desvincularse de Frank Zappa y su fama iba precediéndole, dando un lugar a su guitarra cantarina en grupos tan icónicos como Whitesnake, Alcatrazz (reemplazando al mismísimo Yngwye Malmsteen) o acompañando al orgulloso David Lee Roth, tras su partida de Van Halen. Era pues una época en la que las millones de ideas que surgían en la mente de Steve quedaban grabadas en cintas, semillas, de las que más tarde brotarían ardientes melodías. Unos seis años en los que centenares de ideas se quedaron en la incubadora, mientras otras prosperaron y dieron lugar al “Passion & Warfare”.

Pero, entonces, ¿qué es lo que explica ese cambio de sonido tan dramático entre un álbum y otro? La respuesta está en “Modern Primitive”, y no es otra que la búsqueda, la indagación en un yo mucho más profundo; ese espíritu que aparece en todas las religiones y culturas, cuyo significado va más allá de la existencia y del plano terrenal. Encontramos un Steve Vai preocupado por la transcendencia, por la meditación, por los estados alterados de conciencia, por los sonidos de los gandharvas y por la expresión en música y luz del espíritu.

Con tamaña introducción no es de esperar que muchos de los seguidores del genio de las 6 cuerdas se lleven una sorpresa cual epifanía. Una mezcla de las múltiples sonoridades de Vai. Esferas de experimentación y vanguardismo del “Flex-able”; mantras de fuego y magia etérea desarrollada en el “Passion & Warfare”; junto a un sonido más oscuro y profundo de la etapa más reciente. Todos ellos juntos, creando una mezcla armónica y fresca, que a muchos fans de la música rock instrumental, progresiva y, en algunos casos, jazz y world, va a hechizar, sin ningún género de dudas.

“Modern Primitive” arranca con “Bop!” Una pieza que incorpora la psicodelia inconfundible de Frank Zappa con esa obsesión de Vai por los sonidos vocales, y el bajo traumatizante de Mohini Dey. Una canción rara y agobiante, extremadamente cuidada en cuanto a los arreglos; como si se tratara de un jazz del infierno, se lee en algún comentario por Internet. Una especie de ritual de invocación, un aquelarre, que resulta en la aparición del maestro en el minuto 03:36, cuya influencia nos obliga a cerrar los ojos y a dejarnos llevar por el vudú. Un corte brutal, que ya nos pone en guardia ante todo lo que queda por llegar aún.

“Dark Matter”, la casi antimateria del “Modern Primitive”, una canción muy similar a “Gravity Storm” del “The Story of Light”. Un hard-rock instrumental muy moderno, un tanto hendrixiano, incendiario, pasional, que desentona en cierta manera con los tonos y melodías del conjunto de canciones, pero que nos deja clavados en el sitio, a la espera de lo inimaginable.

Con la tercera canción entramos en terrenos espirituales, con un inicio que nos hace tambalear y caer a los pies del bajo de Stu Hamm, para pasar a escuchar los cantos de Vai sobre estos “Mighty Messengers”. Una oda al Ángel de la Música, a ese acercamiento a la divinidad que supone la inspiración y la posterior composición, traducida en creatividad. Un acercamiento a la religión india (cuyas melodías y voces recuerdan al “Ultra Zone”, en gran parte) y a la transformación espiritual, influencia de Helen Schucman. En definitiva, una canción que define el entusiasmo imparable de la juventud, en el ahínco indefinible por la búsqueda de respuestas. Canción que ya tocaba con “The Classified” y que ha decidido resucitar con su Fender Stratocaster, una de sus primeras guitarras y la principal en la era Zappa.

“The Lost Chord” se une a los mensajeros bajo el estandarte de Devin Townsend a la voz. Una profundidad milenaria, una sabiduría del pasado que parece brotar de nuevo bajo estas melodías. Una canción extraña pero hermosa, cuyo dramatismo y confusión, resuelven en unos cánticos, cuyas enseñanzas hablan de la unicidad con Dios y el todo, y la realidad ilusoria en la que vivimos, donde tiempo y espacio son simples espejismos.

Y llegamos a la quinta canción, “Upanishads”, una de las canciones más hermosas y alegres de Steve Vai, muy en consonancia con las influencias de la religión hindú, tanto en melodías y sonidos, como en ese cometido por estar dentro del camino que lleva a la última realidad. Unas melodías que podrían haber sido recitadas por el mismísimo Shiva en el oído interior de Vai. Mágica, mística y bella como los schales de Kashmir; una suerte de “Touching Tongues” mucho más energética y danzarina. Una canción resucitada que ya sonaba en los 80 y que a pocos oídos ha llegado.

Tras esta rendición oriental, Steve Vai nos guía a través de notas y pentagramas, hablándonos de “Fast Note People”. Una canción curiosa donde el maestro nos lleva por los universos musicales de acordes y escalas, cuya complejidad y belleza queda explicada por la percepción del tiempo y sus ritmos. Una parte central, convertida en una balada típica vaiera con la que, a continuación, se reafirma en todo lo expuesto, con la cantidad de cambios de ritmos imposibles y roturas de tiempo que son obras de la comprensión de un genio que, en conjunto, logran sintetizar el significado de la palabra música.

Tras el aparente descontrol, nos acercamos a un lago de resonancias musicales, a la balada “And We Are One” de la mano de Sue Mathis y Steve Vai. La llama viva que quema las yemas de los dedos de los amantes al rozar sus cuerpos. Una canción simple, cuya melodía se queda resonando en nuestros oídos y sobre la cual Vai llama a su amante durante varios minutos con su cantarina Jem; otra de esas mágicas baladas cantadas como “Underground Garden” o “No More Amsterdam”. En uno de los bonus tracks del Passion & Warfare remasterizado viene una toma alternativa del solo.

“Never Forever” es una de esas canciones que logran transformar nuestra realidad, verdaderas catapultas a universos y dimensiones paralelas. Una canción muy moderna, muy alejada del sonido en origen de Vai y que se ha ido yendo modelando con canciones como “The Moon and I”. Y ya no sólo las melodías, sino la forma de la canción; ese bajo hipnótico, el ritmo upbeat, y esas subidas y bajadas que, como olas del mar en una noche de verano, nos inspiran y nos hacen preguntarnos por esos espíritus de los océanos, verdaderas odiseas que se esconden en las profundidades marinas. Una canción encantadora, cautivadora y hermosa.

Y así llegamos a la novena canción, “Lights are On” que sí resuenan en un principio al Steve Vai del “Passion & Warfare”, ya tanto por la forma de tocar como por las direcciones en que se mueven los acordes. Un Steve Vai extásico que se desenvuelve en un torbellino de llantos con su guitarra que desencadena en uno de esos huracanes a los que nos comenzó a acostumbrar en el “Fire Garden Suite” y cuyo clímax alcanzó con “Freak Show Excess”. Ese cambio de tema sobre el minuto 03:55, que es pura delicia y complejidad y que acaba rompiendo en el minuto 04:36 es de una excelencia difícil de comprender para oídos pocos entrenados y que, sin duda, en muchos resonará como muy jazzístico. Otro jazz vaiero interpretado desde el séptimo círculo del infierno, ¿tal vez? En cualquier caso: please, turn off the lights!

“No Pockets”es otro de esos temas del Steve Vai rockero, propio del “Sex & Religion”, y que ya hacía gala en “Flex-able Leftovers” con “You Didn’t Break It”. Un tema que, en mi caso, me deja un tanto frío con todo lo que llevamos escuchando. Sin embargo, los múltiples y pequeños arreglos, como pequeñas trompetitas y voces, y los cambios hacia esas realidades más etéreas que se transforman en un solo donde se incluyen los propios comentarios de Vai, convierten al tema en una mezcla exuberante e interesante.

Por último, “Pink and Blows Over” se desenvuelve con la gracia de una inmaculada Eva en el Paraíso. Un recuerdo lejano a Vangelis, que poco a poco va desgajando y desfigurando el sueño de ese lugar sagrada. La segunda parte del tema se desenvuelve bajo ese velo, ese manto de confusión y propio de la realidad onírica, que nos sugiere a una película del terror más absoluto. Una pieza de música muy tritónica y extraña de comprender, con verdaderas sugestiones hacia la magia negra que, en cierto momento, desemboca en el jazz abstracto de Chick Corea en la tercera parte del tema. Un tema en conjunto, difícil de digerir, pero que ya existía en el año 1984, cuando Steve Vai lo tocaba con su banda “The Classified” en la que Sue Mathis era la cantante. Una manera muy inusual, sin duda, de finalizar un álbum.

A pesar de haber incluido otras bonus tracks en la reedición del Passion & Warfare (cosa que no acabo de entender del todo) he decidido dedicarles unas palabras a estos temas. El primero de ellos, “Lovely Elixir“, es una de esas obras maestras que, incluso, me atrevería a decir que rivaliza con las grandes obras como “For The Love of God” o “Whispering a Prayer”. Una balada emocional, que conecta los corazones bajo el humo del incienso, cuyas bellas melodías logran poner nuestro espíritu en paz y harmonía. Una pena que la mayoría de gente no se vaya a enterar de esta gran pieza, ¡aunque haremos todo lo que esté en nuestras manos para que eso no ocurra desde Spreading The Sound! Seguida a esta, está la toma alternativa del solo de “And We Are One“, cuyo carácter de impromptu da pie a pocas palabras. Y por último, “As Above” y “So Below”, que a pesar de tener en común el nombre con un tema de Malmsteen, según he podido documentarme, estaban pensadas como oberturas del “Passion & Warfare” y, más tarde, del “The Ultra Zone”, aunque nunca llegaron a puerto. Sin embargo, en 2004 estas canciones aparecieron en mp3 en la página web de Steve Vai, por lo que los fans más acérrimos ya sabían de su existencia. Sin duda, ambas canciones se alejan rádicalmente del sonido de Steve Vai y nos acercan a las imponentes y pretenciosas orquestas de las películas modernas de aventuras y animación, aunque siempre dándole ese toque esotérico y misterioso del maestro.

En fin, a veces me pregunto: ¿llegaré algún día a descubrir al verdadero Steve Vai? Cuando en ese momento de la vida donde todo parece dar vueltas sobre el mismo tema, donde ya no sólo por el trabajo o la chica a la que estás conociendo, sino al coger un libro de Bécquer y el primer relato te habla de la benevolencia de Vishnu; cuando en ese momento de interés espiritual por la cultura india uno coge este disco y se encuentra que una de las personas a las que más admira ha seguido el mismo camino, la misma búsqueda, ¡qué sensación tan potente se puede tener al escuchar su música!, ¿verdad?

Es por eso que mucha gente se quedará con lo superficial; con las notas rápidas, con las piruetas, con los ritmos interesantes y los sonidos prog-rock y metal subyacentes. Es por eso que yo ya no voy a hablar de la cantidad de arreglos, de mínimos sonidos que como pinceladas logran generar canciones con verdadera alma. Es por eso que ya no trato de convencer a nadie y tan sólo, en el silencio de la noche, dejo fluir estas melodías, que tan bien me guardo, bajo la luz de mis lámparas de lava.

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